Duele que no me vayas por donde me venías;
que ya no haya sombra por donde transitas;
que no puedas quedarte donde te reclaman:
que la muerte venciera a quien siempre vencía.
Vago por los restos contando lo inexistente,
mintiendo a un presente que vive en pasado.
Desde que tu dónde me dejó sin cuándo...
no encuentran puertas mis torpes pasos.
Todo es oscuro e inconsistente,
todo se pierde antes de buscarlo.
Hoy venero aquellos todos
que, como dioses desterrados,
cuando nadie nos sabía, nos entregamos,
agonizando el sorbo del dulce amargor
de sabernos eternamente igualados.
Gris sobre grises hoy me pinta la llevia,
golpeando el nunca los marchitos abrazos
que en escapadas suicidas pudimos darnos.
Pálidas esquinas ahogando el ruego
¡en el antiguo amor que ambos nos profesamos!
Me sorprende la madrugada
buscando evidencias en las mustias fotos
que de los dos guardábamos,
de que todo es mentira,
de que no segaron la vid de tu vida
en vísperas del Año Nuevo.
Evidencias de que todo es un sueño,
una pesadilla de la que no despertamos.
Sobran los azules, si mi cielo está ausente.
¡Faltan respuestas a mis "porqué" linchados!
Fuiste capitulo aparte
de mis partes de entonces,
latido que sumó latidos a lo ordinario,
poema sin escribir en mis folios,
fecha diecisiete en mi cielo,
guía sin mapa de territorio gemelo,
herida, motivo, recuerdo, gemido sellado,
brillo y nube de mi entrecielo...
Amor de alma adentro, eterno y callado.
Quisiera latir al revés
la sangre de lo sentido,
y que las pieles, en silencio enhebradas,
descosieran los cosidos que juntos bordamos
con puntadas desordenadas
y con hilos mal enhebrados.
Deambula mi sentir por tus calles internas
tratando de disculpar los motivos
que en vida nos llevaron a callar
antiguos sentimientos no declarados.
Ya no hay lunas que alumbren,
ni soles que calienten mi esperanza.
Deambula el sentir entre marañas
atropellando el rumbo,
el de los que abandonaste en tierra inútil,
esa, que lo que te dio...
sin aviso te lo arrebató con ganas.
Estás en el corazón
de todos los que te amamos.
No es cierta la mañana
que no me trae tu recuerdo,
que no agriete mis pulmones un gemido callado,
principio de un amor
que el tiempo no ha apagado.
Hoy me duele el dolor,
hoy es tarde para lo que empezó...
¡demasiado temprano!
"DETENER MI TIEMPO" ¡Qué prisa tiene el agua del río por llegar a su destino! Atrapar a la noche y detener mi tiempo en su sueño. Soñarle y esperarle, ¡soñar que ya es mío!, y cuando sus años alcancen los míos... despertar y hacerle mío. ¡Qué prisa tiene mi tiempo!, ¡qué prisa tiene, Dios mío! Detener quisiera mi vida hoy en pausa de espera a su recorrido, y acompañar nuestras edades, y vivir lo nunca vivido, liberando los temores y el sentimiento tan herido. ¡Qué prisa tiene el agua del río por llegar a su destino!
Por qué tuviste que ser tú
entre todos los que vi solícitos,
o de los que necesité ternuras, pasión y olvido,
lágrimas de consuelo y sueños,
siendo de ti mismo:
destierro, perro sin dueño,
muerte y funeral de tu propio entierro.
Por qué tú...
que siendo húmedo leño,
viniste a prenderte a mi hoguera,
donde ardiste y ardimos...
encendiendo, -de aquel año-, aquella primavera.
Tú, precisamente tú...
con los brazos de enredadera alzándose a los dioses
cada vez que nos tuvimos
como si fuera la vez primera.
Por qué tú...
entre todas las demás estrellas.
Lucero tardío que eclipsó a todas ellas.
Tú, espuma de furiosa ola
que se estrella día a día
contra su propio rompeolas,
el que construiste...
con lamidas rocas de tu orgullo
y hormigón de crueldad a deshoras.
Conseguiste que te pensara como no eres,
por eso yo te tenía en un trono
como rey coronado de laureles.
Pero hoy sólo tú, entre todos,
al pensarte, me entristeces:
por tus falsas promesas;
por los cielos grises de tus mañanas;
por los puños que tu ira injusta
descargó sobre mis esperanzas.
Y me entristece...
al recordarme juguete roto
en un tiempo en que me decías
que me amabas.
Sólo tú me entristeces,
caracola vacía donde ya...
ni el sonido del mar tienes
porque todo lo que tocas muere...
o lo enluteces.
Pero no, ¡no eres tú!,
es la melancolía de los compartidos días
lo que hace que, a mi pensamiento, regreses.
Te maldigo, amigo amargo y agresor, con rabia de quien sin querer quererte... sin ningún remedio empezó a adorarte entre compases y aromas de color.
Por fin despierto de un sueño de terror en el que sin pedir, bregué por darte, donde acuné mi dolor por no dañarte y el cardo de tu alma convertí en flor. Fuí la onírica imagen de un soñador, horizonte que el vaho del tiempo ocultó, y en tu agostado tiempo, fuí tu verdor.
Hoy rizaste el rizo de nuestro dolor por no dominar tu desesperación, siendo de nuestra amistad... el segador. Geles Calderón
Fui ésa que
cimbra las ramas que el aire
las tambaleaba. Soplo que
susurra una queja, lluvia de
amor que se regaba. Origen y el
fin de la espera, leño que no
arde sin tu llama. Soy ése eco
silencioso que en sorda
resonancia llama.
Pero hoy para ti... no soy nada.
Raíz que tu
alma acunaba,
y lágrima
que por tus venas te recorría
muy callada. Fui ésa
sangrienta amapola de una
primavera dorada. Soy la que
cortó las guirnaldas para
apoyarlas en tu almohada. Fui lo que
tú necesitabas.
Pero hoy para ti... no soy nada.
Hoy en la
siesta de tu tarde…
otra te
cubre de guirnaldas. ¡Muerta
amapola desangrada, ceniza en tu
hoguera apagada! Ya no soy
silencioso eco, ni
resonancia..., ni ya nada. Sólo soy un
renglón en papel que nadie
pudo leer, porque... mis lágrimas
antes lo bañan. Hoy para ti, ya... no soy nada.
-“Hoy
necesito meditar...” me dijiste aquella noche, y te marchaste a navegar sin oír ningún reproche.
Y a la mañana siguiente te citaste con el viento, te sentaste frente a frente y le hablaste a pecho abierto.
Con dolor en la palabra y en la hondura del silencio, tú al viento le contabas cuál era tu sufrimiento.
Y sentado frente a ese mar que sabe tu sentimiento, gritar querías sin parar mi nombre desde muy dentro.
Pero fuerzas no tuviste y fue el mar quien cumplió el hecho, buscó en ti lo que no diste, y halló mi nombre en tu pecho.
Esas letras que te pesan como si fueran de hierro, que dentro de ti no cesa su sonido en tu silencio.
Y aquel mar gritó mi nombre, y el sonido izó a los cielos... desgarrada voz de hombre: ¡sonido de sal y viento!
Pero hay tiempos en que hieres, en que duelen las palabras, aquellas que tú me dices, y las que creo que callas. Aprenderé a saber estar en un rincón extremo, donde ya nadie me verá... porque nadie mira dentro. Yo sé que robé tu alma cuando miré dentro de tí, y viendo lo que albergaba... te la arrebaté para mí. Hoy te resientes de ello y me acusas de ladrona, sabiendo que en tu pecho me aguardaba una encerrona. ¡Ladrona yo, carcelero tú! Ambos cambiamos el alma: en mí vive la tuya, y... ¡la mía en tí encarcelabas!
para que me bebas poco a poco sin parar. Me convertiré en fuego lento para en tu boca morir ardiendo.
Me convertiré en tu espejo de mañana
para que en mí repose tu primera mirada.
Me convertiré, de cada día, en tu alimento
para ser tu tejido y tu aliento.
Me convertiré en guardiana de tus lágrimas
para, beso a beso, enjugarlas.
Me convertiré en sangre de tus venas
para recorrerte sin cadenas. Me convertiré en percha donde colgar tu preocupación para yo tornarla en solución. Me convertiré en finas sábanas en tu lecho
para dormir, sin que lo sepas, abrazada a tu pecho.
Ilusa mujer que soñó con una segunda oportunidad para nacer -
Autodidacta que utiliza la escritura y la pintura para completarse -
Defensora de causas perdidas (entre otros 'defectos') -
Fiel al corazón e infiel a la razón, que cambió el orden de los sustantivos en alguna equivocada ocasión -
Llena de nada de aquellos "todos", donde hubo muchos "cuándos" sin importar "dónde"...
- Muy agradecida a todos los que, al visitarme, me dediquen un instante de sus valiosas vidas para leerme y dejarme su impresión por escrito -