"¡QUIÉN SABE...!" (poema con voz)

"¡QUIÉN SABE...!" (poema con voz)
Poema de Geles Calderón (voz: Beatriz Salas) *para oír el poema, detén la música de portada*

4 de febrero de 2012

"SIN DÓNDE, NI CUÁNDO..." autora: Geles Calderón



“SIN DÓNDE, NI CUÁNDO…”


Duele que no me vayas por donde me venias;
que ya no haya sombra por donde transitas;
que no puedas quedarte donde te reclaman;
que la muerte venciera a quien siempre vencía.
Vago por los restos contando lo inexistente,
mintiendo a un presente que vive en pasado.
Desde que tu dónde me dejo sin cuándo,
no encuentran puertas mis torpes pasos.
Todo es oscuro e inconsistente,
¡todo se pierde antes de buscarlo!

Hoy venero aquellos todos
que como dioses desterrados
-cuando nadie nos sabía- nos entregamos,
agonizando el sorbo del dulce amargor
de sabernos eternamente igualados.
Gris sobre grises hoy me pinta la lluvia,
golpeando el nunca los marchitos abrazos
que en escapadas suicidas pudimos darnos.
Pálidas esquinas ahogando el ruego...
¡en el antiguo amor que ambos nos profesamos!

Me sorprende la madrugada
buscando evidencia en las mustias fotos
que de los dos guardábamos;
de que todo es mentira…,
de que no segaron la vid de tu vida
en víspera del Nuevo Año.
Evidencias de que todo es un sueño,
una pesadilla de la que no despertamos.
Sobran los azules, si mi cielo está ausente;
¡faltan respuestas a mis “por qué” linchados!

Fuiste capitulo aparte
de mis partes de entonces,
latido que sumó latidos a lo ordinario,
poema sin escribir en mis folios,
fecha diecisiete en mi calendario;
estrella fugaz parada en mi cielo,
guía sin mapa de territorio gemelo...,
herida, motivo, recuerdo, gemido sellado,
brillo y nube de mi entrecielo.
¡Amor de alma adentro, eterno y callado!

Quisiera latir al revés
la sangre de lo sentido,
y que las pieles, en silencio enhebradas,
descosieran los cosidos que juntos bordamos
con puntadas desordenadas...
y con hilos mal enhebrados.
Deambula mi sentir por tus calles internas
tratando de disculpar los motivos
que en vida nos llevaron a callar…
¡antiguos sentimientos no declarados!

Ya no hay lunas que alumbren,
ni soles que calienten mi esperanza.
Deambula el sentir entre marañas
atropellando el rumbo,
el de los que abandonaste en tierra inútil,
esa, que lo que te dio…
sin aviso te lo arrebató con ganas.
Tú, que durante décadas
marcaste límites y fronteras,
impidiendo que pastaran en tu pesebre…
reses que no eran de tu cuadra.

Estás en el corazón
de todos los que te amamos.
No es cierta la mañana
que no me trae tu recuerdo,
que no agrieta mis pulmones un gemido callado,
principio de un amor
que el tiempo no ha apagado.
Hoy me duele el dolor,
hoy es tarde para lo que empezó…
¡demasiado temprano!




Geles Calderón




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1 de enero de 2012

"ASÍ TE SIENTO YO..." (por Geles Calderón) - (ahora con MI VOZ) -


(Juan José Carnero Ramos y yo en Benalmádena)
(si quieres, detén la música de la página antes de abrir el sonido de mi voz en la grabación)
- voz y poema de Geles Calderón - (sube el volúmen...)










http://www.goear.com/listen/76a7613/asi-te-siento-yo-geles-calderon

ASÍ TE SIENTO YO

Como rumor soñoliento
de palabra sin acento.

Como esas nubes de algodón
dentro de un cuento de ilusión.

Como brisa y no viento
en llanura de aposento.

Como esa estrella lejana
que su luz lenta derrama.

Como poema dormido
esperando ser leído.

Como ese batir de alas
de aves por Dios soñadas.

Hoy te siento en mi ser...
como un querer y no poder ser.


(cuida de los que aún seguimos en esta tierra de indolencia)

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Geles Calderón


29 de noviembre de 2011

"EDICIÓN BOLSILLO" autora: Geles Calderón





“EDICIÓN BOLSILLO”

Rehén sin rapto
y de cautiverio abierto,
que vive llegando
a un puerto incierto,
sin atender el norte…
ni el cuándo de su puerto.

Libro de frágil tapa
y lectura de diario,
edición de bolsillo
con valioso abecedario,
historias de tardío giro...
o de disfrute ordinario.

Reo de fácil fractura
para juez sin toga,
que sin atender a los justos
sentencia a daga y soga,
con exceso de premura…
y palabra demagoga.

Nube de suelo llano
por donde su cielo anda,
cuando lo oportuno no importa
si el amor manda;
nube de abrazo abierto…
si alguien lo demanda.

Agua virgen de mares
lamiendo tus orillas,
borrando antiguas huellas
por las que ya no caminas,
para que tus pasos de estreno…
brillen como tú brillas.

Rehén sin rapto.
Libro de frágil tapa.
Reo de fácil fractura.
Nube de suelo llano.
Agua virgen de mares
…,
¡así me llamo!




Geles Calderón

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22 de octubre de 2011

“CUANDO NO ERA TIEMPO…” (más descargos) _ autora: Geles Calderón



“CUANDO NO ERA TIEMPO…” (más descargos)
relato

Mi certeza ante la ajena duda sobre el principio de mis causas, suman el empuje que precisa mi motivo.
Un montón de nada ya no cabe en mi todo, porque cargué durante demasiados inviernos con culpas de otros, presionando mis venas hasta casi estallarlas.
Nací cuando no era tiempo. Crecí a destiempo. Manipulada sin tiento y con el justo aliento, caminé desorientada de destino y plena de causas, equivocando las calles, pero segura de mi certeza de no querer seguir cargando heredados baúles de penas, ni perchas de vacío.
Me abrigué de Mediterráneo antiguo. Me peiné con peineta de mapa del sur. Me calcé de arena y perfumé de sal. Busqué sostén para mi motivo mientras avanzaba en la prudencia de hallar el entendimiento que demandaba mi apremiante necesidad de huída.
Pero hay tiempos en los que nuestras batallas se detienen cuando los cometas de los sentimientos atraviesan los cielos de nuestro universo, es entonces cuando no vale negar la bendición de saber lo que supe desde antes de saberlo.

Fruto que tentó y tienta, aunque mi consciencia lo niegue bajo falso juramento.
Faro sin mar. Bandera inútil para un país imaginario.
Final de un principio de giro temprano sin retorno.
Alma sedienta de sorbos escasos…
Ansia antigua de besar los vinos que mojaron aquellos labios.

Ahora, lo que no supe, de ello me acuerdo. Y lamento las circunstancias que nos llevaron al desencuentro.

Ya no hay tiempo, ya todo se diluye. Ya la parte de delante quedó a la vuelta de nuestras vidas, recostada sobre su doloriento costado.
¡Qué importa que mi presente de antes viviera de un pasado!
¡Qué importa que mis letras no sepan retratar mi actual estado!
Una playa desnuda nunca puede vestir un solicitante acantilado.

Lleva mi alma tanta culpa sin pecado, tanta impaciencia insatisfecha… ¡tanta tumba sin haberme velado!




Geles Calderón


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9 de octubre de 2011

"NO NIEGUES..." autora: Geles Calderón



"NO NIEGUES…"

No niegues la culpa
a quién abusó de la inocencia,
ni el perdón al pecho…
reo de amarulencia.

No niegues la llama
que arde en el instinto,
ni creas que creo…
que todo está escrito.

No niegues de los renglones
lo que agrupan en sus líneas,
ni a mis tímidas luces…
las sombras bailarinas.

No niegues a la loba herida
su luna encendida,
ni al hambre voraz…
el bocado de su comida.

No niegues tus ojos
porque cieguen la cordura,
ni al músculo que se bate…
las batallas que lo torturan.

No niegues los besos
a una boca que suplica,
ni ignores de la botella…
el mensaje que se rubrica.

No niegues que crees
lo que sabes que creo,
ni juegues a que jugamos…
porque éste no es mi torneo.

No niegues la costumbre
de sabernos acostumbrados,
ni olvides que nos supimos…
lo que hoy nos olvidamos.

No niegues el cielo
porque las alas te duelan,
ni la belleza de aquel vuelo…
motivo por el que ya no vuelan.


Geles Calderón


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9 de septiembre de 2011

"LO QUE DE MÍ SUSTRAJE..." autora Geles Calderón


“LO QUE DE MÍ SUSTRAJE…”

Tendida sobre sus pensamientos, la poetisa escribió: “Lo que de mí sustraje…”, pero la pluma se detuvo y el poema se negó.


Mientras entornaba sus ojos para ocultar lo que en su alma habitaba y cubierta de desgana cansada, redactó una carta de descargo destinada a quien un día la habitó… sin compromiso de echar anclaje.


A ti, que por otras sábanas andas, indolente de lo que atrás dejabas:

Después de que resucitaras mi piel como si hubiera muerto durante años volviendo a nacer contigo, o como si regresara de un obligado letargo; después de que reventáramos de quejidos las almohadas; de que ahogáramos de gozo los colchones; después de que saciáramos nuestra sed y hambruna de carne viva y piel tocada, amándonos vertiginosamente; después de que se nos fuera escurriendo el tiempo... Después de todo esto, aprendí que cuanto más fiel somos con nosotros mismos, más infiel puedes terminar siendo a los demás, y yo te era tan fiel, que en el momento que fui consciente de mi infidelidad a mí misma y del vacío que ello me causaba a medida que descubría la cara que me ocultabas, decidí probar a restaurarme lo que de mí sustraje, decidiendo dejar de vivir una vida sólo para quien comenzó a restarme sin reponer nada de lo que de mí se llevaba cuando, en nombre del amor que pronunciaba, debería sumarme. Y en esa alerta aprendí a ver en el viejo amarre de una desgastada barca, el dolor más profundo de sus nudos, porque en lo inerte, también la vida se halla aprisionada.

Así, desde mi efervescencia, sentí que necesitaba savia jugosa para reanudar mi crecimiento y tener una oportunidad de conquistar y mantener una justa medida de armonía interior. Un renacimiento que haría florecer los aprisionados ramajes que clamaban espacio desde el interior de mi apretado vacío, aunque ello significara tenerme que calentar sólo entre las llamas del desamor, restos de lo que tiempo antes nos había calado hasta los huesos a los dos.
Ante esto, se me confirmó la certeza de la perdida de mi anclaje terrenal si continuaba en el proyecto de dar aquel irreversible salto sin retorno que se me solicitaba. Pensaba que hasta las aves necesitaban descansar de sus vuelos suicidas, repostando aterrizadas en la tierra que generosa se presta a nuestros pies para ser caminada, soporte estable para nuestras terrenales batallas inacabadas.

Antes del último impulso para saltar junto a ti -un profesional del salto- a la otra orilla del acantilado, en un lento de repente, esta flor de vertiginosa ladera comprendió que debía abortar el salto y permanecer del lado donde estaban los que la dieron y dio vida, seres muy queridos que de ella dependían, con los que comparte memoria y con los que convivía en relativa armonía a pesar de las inclemencias de la vida.

Hoy tengo más paisaje, más puntos de referencia y horizonte para valorar. He madurado en mi autoestima. Ahora cualquier cosa que hago, por banal que sea, la disfruto el doble: la loca danza de las palmeras que se contorsionan doblándose por la cintura cuando el viento sopla; la maestría del vuelo de las gaviotas; el enardecido sonido del mar, el del fuego envejeciendo en mi chimenea; las gotas de lluvia que buscan mi cara y la bañan. Miro con más ternura a los ojos de los ancianos y ellos me corresponden con sonrisas y agradecidas palabras. Cada día, cuando me ducho, observo las filigranas que hace el agua antes de desaparecer bajo mis pies, e imagino que navego en ellas para después dejarlas escapar y tras su largo ciclo de depuración terminar, permitirla a mi sien de nuevo regresar.




Cierto es que ahora reina un definitivo silencio en el espacio que habita entre la que se fue por derecho, y el que se alejó enrabietado sin aceptar su parte de culpa al verse abandonado. Cansada de desayunar preguntas sin respuestas e indigesta de ellas, mi humeante taza de silencio, entre trago y trago, esperaba una llamada, una señal que desapuñalara lo que apuñalado estaba. Pero la nada más absoluta recibí como señal a lo que esperaba. Ni amistad tras el quebramiento de un proyecto en común; ni tu estima tras tu supuesto gran amor; ni el interés de si respira o no mi pulmón.
Pero del más desafinado silencio puede brotar la música más bella, por eso últimamente y mientras mantengo los pies en el suelo pero bañándome de vida, me siento más sabia en lo que escribo, más ancha en lo que perdono y más alerta con quién necesita de mi apoyo, porque la sensibilidad y autenticidad se multiplican cuando no te imponen día tras día maneras que repugnan.
Desde la distancia, y quizás por ello, has ayudado a simplificar más, si cabe, mi alma librándola de los nudos que la hiciste antes y durante la trágica no despedida de la que salí tan lesionada al solicitar el dialogo que de mala forma se me denegaba.

Hoy me congratulo, porque actué acertadamente cuando dije ¡basta! al prever a tiempo una no lejana fractura interior para quién arriesgaba todo por quien nada arriesgó, cuando éste de cualquier apego fácilmente se despojaba y en el fondo de la trastienda de su corazón, todo lo enterraba.
Hace tiempo que me desencarcelé de tu cuerpo, aunque de tu espíritu siga encarcelada, pues su óxido aún dificulta sentirme liberada, pero es comprensible, porque liberarse de lo intangible... se tarda.

Teniendo en cuenta que un día quise vestirme de nieve para congelar mi corazón, hoy me felicito por haber salido de aquella nebulosa turbación. Sin tú proponértelo, me hiciste revalorar y aceptar certeramente lo que ya tenía antes de tu llegada.

Un temor bien administrado siempre genera acciones acertadas. Ahora sé amasar ilusiones, despuntar alegrías, cincelar augurios y perfilar un futuro si soy yo quien lo concierto.


Ahora paseo sola cuando y por dónde quiero sin sospechas ni amenazas; abrazo a quien estimo; camino en paz con el alma lavada, el cuerpo florido de armonía y ganas, las mías, y no las prestadas.

Se despide de ti, ésta, la que de verdad te amó arriesgándolo todo… cuando tú no arriesgabas nada.

Geles Calderón


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28 de agosto de 2011

"RAÍDA ORFANDAD (...por si molestaba)" autora: Geles Calderón


“RAÍDA ORFANDAD (...por si molestaba)"


I

Nadie notó el quejido del desconcierto de la niña ante la repentina ausencia de la persona eje y punto de referencia de su existencia, ser que a pesar de sus frecuentes convalecencias, saciaba la sed de cariño que precisaba, el que llenaba de fantasía su inocente edad, el que la escuchaba y protegía, el que ‘siempre estaba’…, su padre.
Sólo tenía tres años de edad. Nadie imaginaba, ni se preocupaba u ocupaba en interesarse por lo que aquella criatura pasaba, pues su corta edad no la impedía captar la tragedia que sucedía aquel 21 de Febrero en su casa y ante sus infantiles ojos, se desarrollaba. Todos la creían ausente, pero… se equivocaban. La niña de ojos grandes color oliva, de todo se enteraba, siempre fue así aunque los demás ni se lo imaginaban.

Era un día frío, invernal, gris, apagado. La puerta de la calle permanecía abierta, no cesaba de entrar y de salir gente. Ella permanecía entretenida, aparentemente, con una prima de su madre en el interior de la gran cocina que hacía a la vez de comedor y taller de invierno cuando la salud de su padre le permitía trabajar en sus tallas, al calor del fuego de leña. Pero la niña estaba inquieta, no se centraba en los juegos, tantas visitas que entraban y salían con prisas con gestos serios y las palabras entrecortadas, la desconcertaban.


Iban y venían por el largo pasillo que llevaba a los dormitorios…, “-¿papá?, no he visto a papá en días… -pensó la niña extrañada-… seguramente necesita de más papeles cortados a una cuarta para su tos, yo soy la encargada de que nunca le falten colgados del clavo que hay en la pared junto a su cama.”

La prima de su madre siempre que iba a visitarles jugaba con ella a un juego que consistía en sentarla sobre sus rodillas y balancearla hacia atrás y delante al tiempo que la cantaba la canción de “Aserrín, aserrar, maderitos de San Juan…”, y eso la daba mucha risa a la pequeña, pero ese día no funcionaba, no había risas, la mujer cantaba con lágrimas.


No había duda, algo no iba bien, algo pasaba y la niña se propuso averiguarlo: “-¿Qué pasa?, ¿por qué viene tanta gente?, ¿qué quieren?... ¿Dónde está mi papá?”
No obtuvo respuesta, y el llanto de la pariente se acentuó. En ese momento escapó de los brazos de ella y corriendo entre las personas que ocupaban el largo pasillo y que intentaban detenerla, consiguió llegar frente a la puerta abierta del dormitorio donde por un instante pudo verle “dormido” antes de que los brazos de la prima la alcanzara y llevara de nuevo hasta la cocina tirando de ella mientras la niña le preguntaba: "-¿Por qué hay tanta gente viendo dormir a papá?" Por respuesta obtuvo un silencioso y apretado abrazo contra su pecho que la niña no supo interpretar pero que la hizo enmudecer para el resto del día. Nunca más volvió a ver a su padre, salvo en una fotografía ovalada y enmarcada, alojada en una cruz de mármol sobre una tumba del cementerio que visitaba, de la mano de su madre, cada domingo durante años.

Niña de sonrisa rota, vestida de riguroso luto desde el lazo de su pelo... hasta el calzado que la calzaba.

II
A los seis años de edad era tiempo de empezar a ir al colegio, así que unos meses antes, una amiga de su madre la enseñó a escribir y leer las vocales para que la niña fuera un poco adelantada cuando ingresara ‘mediopensionista’ en aquel colegio de monjas. Éstas le hacían el favor de admitirle llevar al comedor la tartera con la comida de casa, porque así le salía más barato a su madre, pero esa y otras distinciones la niña las pagaría muy caras… de otra manera. Las compañeras se encargaban de hacerle notar que ella era diferente:

- Diferente… en la comida de un solo plato de pobre tartera.
- Diferente… en el uniforme que, al no poder pagar el oficial, se lo había confeccionado su madre de tejido barato muy diferente al que vendían en el Centro Escolar.
- Diferente… el abrigo en hechura, paño y botones, heredado de su hermano, y que una vez teñido de azul marino, la niña se vio obligada a usar.
- Diferente… la vieja cartera, también heredada.
- Diferente… el traje de su Primera Comunión del oficial para poder comulgar junto a todas las compañeras de clase el día indicado por las religiosas del colegio, porque su madre prefirió confeccionárselo ella, y la rechazaron negándole la comunión por esa distinción.
- Diferente… en el medio de transporte que por ahorrar unas monedas, a veces, su madre utilizaba para llevarla hasta la misma puerta del Colegio, ya que éste se encontraba a unos kilómetros de casa, llevándola en el remolque que tirado por un burro, su madre arreaba. Y después de que las niñas que la veían se burlaran, esas mismas se encargaban de que todo el colegio se enterara.
- Diferente… porque todas hablaban de sus padres, y a la salida del colegio las esperaban.
- Diferente… porque mientras las demás niñas corrían, saltaban a la comba, jugaban y gritaban, e incluso exigían a sus madres caprichos de golosinas, ella sólo observaba y callaba… por si molestaba.

Diferencias que a esa escasa edad, tanto importaban y tanto daño hacen en una niña sin referencias de apoyo o de refugio en un abrazo a tiempo, o un consuelo oportuno y necesario.
Todo esto, apoyado además por el castigo eventual que las religiosas ejercían de encerrarla en un cuarto oscuro acristalado para que todo el colegio la viera, que había debajo de la escalinata en la gran sala de la entrada principal del centro escolar, por donde todas pasaban para irse con sus familias, y que alguna monja poco caritativa ejercía contra ella cada vez que no quería jugar en el patio a la hora del recreo, cosa que era obligatorio hacer, pero que al captar el rechazo de sus compañeras ella lo evitaba y se refugiaba en los fregaderos donde a veces había una monja lavandera siempre sonriente que la dejaba estar con ella mientras lavaba toda la ropa del Convento, a la pequeña le gustaba su compañía y el olor de aquel jabón, allí permanecía hasta el final de la hora del recreo. Esta actitud le era recriminada a aquella dulce y cariñosa monja de manos rojas de tanto frotar coladas y coladas, y lo hacían delante de la niña que no jugaba... Y como la pequeña se sentía culpable, dejó de ir a verla y sólo la miraba a través de un cristal que daba a un rincón del patio, y a veces simulaba jugar para evitar que la castigaran.

Así se había ido tragando la carencia de afectos y cuidados, para satisfacer a los demás y tenerlos contentos, siendo consciente de que de ella se habían olvidado. Y así aprendió a cuidar de sí misma asumiendo que lo que padecía, a nadie le importaba.


III

Niña de elegidas compañías, la que poco hablaba por si molestaba, y por lo tanto, en todo se fijaba, todo llamaba su atención, todo lo observaba. Sufría más que disfrutaba la actitud de los mayores que debían de cuidar y velar por su desarrollo físico, mental y espiritual, pero que de todo ello se olvidaban.

Muchas cosas la ocurrieron. Narraré sólo algunas… porque ya es tiempo de narrarlas:


1ª/ - OLVIDADA

A la edad de seis años fue ‘olvidada’ en el centro de su ciudad natal cuando se detuvo a mirar un escaparate. Quien la acompañaba continuó caminando y cuando la echó en falta no retrocedió para buscarla. Y allí seguía ella con sus naricillas pegadas en el cristal que la separaba de los juguetes que tras él se mostraban. Cuando quiso reanudar sus pasos se encontró sola, sin saber hacia qué dirección caminar. La niña pensó y decidió reanudar sus pasos hacia la Plaza Mayor, lugar donde cada día subían su hermano -cuatro años mayor- y ella al autobús que les llevaba a casa. Una vez allí, buscó la parada con la esperanza de encontrarle allí, pero no estaba.
Sin dinero para pagarse el billete, sin nadie a quien recurrir, sola y desamparada, la niña decidió que la única salida era esperar allí hasta el día siguiente hasta que apareciera su hermano para volver al colegio, como cada día. Entonces ella se iría con él. Sí, eso sería lo más razonable, pensó, segura de que nadie se daría cuenta de su ausencia, pues a su madre la veía poco porque siempre estaba muy ocupada trabajando para sacar la familia adelante. Al día siguiente todo seguiría normal, como si nada hubiera pasado, total… ¿quién la iba a echar de menos?
Al anochecer ella fue la que oteó a una hermana de su madre que la estaba buscando al otro lado de la Plaza. La niña enseguida la llamó a gritos y corrió a su encuentro evitando que adivinara el terror que ya estaba empezando a sentir al ver que anochecía y nadie la encontraba, pero silenció ese miedo… por si molestaba.


2ª/ - ABUSADA

Desde que a los tres años de edad se quedó sin padre, perdió la reseña del auténtico cariño, por lo cuál podía ser manipulada en lo que era ‘lo adecuado’ en demostrar afectos. Así ocurrió lo que no debería pasarle a ningún menor, fuera o dentro del ámbito familiar.
La niña tenía siete años cuando comenzó a sufrir abusos sexuales realizados por la pareja de una pariente que solía acudir, junto a más personas, a casa algunos fines de semana de verano, cuando la madre les invitaba a cenar al fresco del gran patio donde preparaba una larga mesa llena de comida y bebida para pasar unas horas agradables de amenas charlas. Y así fue como aquel hombre, amparándose en el cariño que la tenía, comenzó, con juegos primero, complicidad después, y sutiles amenazas al final, a abusar de la hija de la viuda a lo largo de dos años, hasta que por motivos de trabajo, la madre decidió trasladarse de ciudad de residencia.


Y con la niña se fue el secreto de aquellos ‘juegos’, haciéndose el propósito de nunca más quererlos recordar.


3ª/ - DENUNCIADA

Ya, en la nueva ciudad, el desamparo y soledad antiguos se incrementaron, si cabe, otro poco más.

La niña con diez años, ya no tenía casa, vivía en una habitación de alquiler sin ventana y con una cortina por puerta que la separaba del salón donde otros inquilinos permanecían en similares circunstancias. Allí vivía junto a su madre y hermano, y dormía en una colchoneta tirada sobre el suelo porque en la habitación sólo había una cama y sitio para las dos maletas heredadas. El aseo único y sin ducha que había en el patio interior de la Corrala, era compartido con los vecinos de las demás plantas del edificio, si previamente pedían la llave a la casera que les alquiló la habitación y sólo durante un horario diurno, por la noche permanecía cerrado, lo cuál conllevaba muchas dificultades para poder hacer uso de él cuando una urgencia les apremiaba.
En unos días pasaría unas exigentes pruebas para ser admitida en un Colegio regido por militares del régimen franquista, sólo para chicas sin recursos, ubicado en la arteria principal de la capital de España.
Más de cinco kilómetros la separaban de casa. La pequeña subía cada día, en aquella ciudad extraña, a un autobús que la trasladaba hasta el Centro Escolar. A mediodía permanecía allí y comía las lentejas recalentadas que casi siempre le preparaba su madre, con permiso de la casera para usar su cocina, días anteriores para varias jornadas. Harta la niña de comer siempre lo mismo, a veces madrugaba un poco más y se iba y venía caminando hasta el colegio para ahorrar el importe del billete y así poder comprarse una barra de pan tierno y una tableta de chocolate para comer a mediodía, y así permanecía hasta el final de la tarde en que llegaba a la habitación alquilada deseosa de encontrar algo más que llevarse a la boca, aunque a veces nada más hallaba. Sólo la colchoneta tirada en el suelo la esperaba, porque su madre siempre trabajaba y su hermano a penas le veía por la casa.
Pero de la boca de la niña nunca salió una queja, ni una palabra de disgusto o reproche a su madre, porque comprendía que ella estaba muy ocupada. Nunca expresó su angustia, sólo callaba… por si molestaba.

Durante dos años cambiaron hasta tres veces más de residencia de alquiler, hasta que los eventuales trabajos de la madre se estabilizaron y le facilitó pagar el alquiler de un pequeño piso para los tres. Recobraron un poco la dignidad y paz. Cada uno dormía en una cama, bueno, no exactamente, porque la niña ahora dormía en un viejo diván de tapicería desgastada que alguien les regaló y que hacía las veces de sofá por el día, y cama por la noche.
Poco duró aquella paz.
Una noche, poco después de las doce, alguien llamó con urgencia al timbre de la puerta de la casa. Los tres dormían. Un enviado entregaba a la madre una citación para que su hija de doce años acudiera al día siguiente a declarar en dependencias de la comisaría de la seguridad y orden público de La Puerta del Sol, por una denuncia de ‘escándalo público’. La madre, después de cerrar la puerta, con el papel en la mano y llena de desconcierto y de ira, incapaz de pensar, despertó a la niña a golpes y gritos exigiendo una explicación. La pequeña no entendía el significado de esas palabras que su madre con lágrimas de rabia en los ojos no dejaba de repetir: “escándalo público, escándalo público…”. Ahora eran las dos ya las que lloraban: la madre de vergüenza por el significado de esas dos palabras y de incapacidad. La hija de dolor físico y moral, de humillación e impotencia por no permitírsele explicar ni preguntar, soportando los golpes que la despertaron, durante el tiempo que la duraron las energías a su madre. Luego, rompiendo la orden de no levantarle la voz, la niña se vio obligada a hacerse escuchar gritándole ella también, pidiendo que la dejara leer el documento y saber de qué se trataba, mientras su madre no paraba de quejarse de su mala suerte; de la vergüenza al qué dirán; del disgusto que la niña le acababa de dar, y que ella no se merecía eso; de que su hija era diferente al resto de la familia, etc.
Al leer aquel papel, la pequeña entendió que alguien había denunciado a un fotógrafo conocido de una chica del colegio, el cuál tenía un estudio fotográfico en un edificio de la Gran Vía muy próximo al colegio, y que se dedicaba a invitar a niñas a hacerse fotografías gratis disfrazadas con trajes de actrices, entre las cuales estaban algunas compañeras de clase, las cuales le habían llevado a ella un día para conocerle y hacerlas fotos gratis, pero la niña no quiso disfrazarse, no le pareció ‘normal’, pero sí posó en una junto a sus otras tres amigas disfrazadas, ella sólo se subió un poco la falda por encima de la rodilla mientras en la otra mano el fotógrafo le colocaba una larga boquilla de vampiresa, y después las dijo que sonrieran todas y empezó a disparar su cámara de fotos, haciéndolas sentir como actrices famosas, lo cuál a las pequeñas las hacía sentir mayores e importantes.
Al día siguiente acudió a la citación, acompañada de su adolescente hermano porque su madre no podía acompañarla, a las dependencias policíacas para someterse a un interrogatorio bajo la atenta mirada de cuatro agentes vestidos de paisano y otro militar con muchos galones colgados de su solapa que al momento reconoció como el Jefe de Estudios de su colegio.


4ª/ - OBLIGADA

Año y medio después de aquel incidente, a pocas semanas de cumplir los catorce años de edad, la madre de la preadolescente le comunicó que tenía que abandonar los estudios porque una tía soltera que residía temporalmente en Suiza, estaba embarazada y vendría en primavera a parir en España para inmediatamente regresar de nuevo a aquel país... sin el bebé. No había opción. La niña acudiría al hospital con la embarazada para que fuera ‘aprendiendo’ todo lo relacionado con la maternidad, y ese mismo día del nacimiento, el bebé sería bautizado en la capilla que había cruzando la calle, siendo ella la madrina y desde ese mismo momento RESPONSABLE del recién nacido. La justificación que le argumentaba, era que la madre no podía cuidar de su hijo porque trabajaba, y “alguien” tenía que hacerse cargo de él, y nadie mejor que su prima. No se consultó con ella, no se pensó en las consecuencias de haber abandonado los estudios recién iniciados, no se tubo en cuenta que era una niña y por lo tanto inmadura para tan grave responsabilidad… En resumen: no se valoró nada de lo que se debió valorar.
Cinco años estuvo criando y cuidando, como si de su hijo fuera, a aquel niño al que la niña tanto quería y él a ella, al tiempo que la madre de la pequeña la buscaba trabajos extras para hacer en casa para alimentar al pequeño, sin importar si era fin de semana, invierno o primavera. Sólo la niña lamentaba en silencio verse obligada a sacrificar estudios, adolescencia, libertad, juventud, futuro y sueños, por atender los deberes impuestos por la familia, y que ella realizaba dándolo todo y sin quejas… por si molestaba.


IV
- Tres veces la asaltaron con agresión y amenazas.
- Tres veces se perdió por calles desconocidas cuando a su casa regresaba.
- Tres veces forzaron la cerradura de la puerta de su casa, y una noche alguien entró cuando estaba sola con el bebé durmiendo mientras su madre y hermano veraneaban.
- Tres veces se desmayó cayendo al suelo derrumbada, entre los doce y dieciocho años, cuando nadie la acompañaba.
- Tres veces se enamoró viéndose obligada a renunciar al amor por las obligaciones que el niño precisaba, soportando las sospechas e indirectas de estar ocultando su maternidad sobre aquel bebé... que tan bien cuidaba.
- Tres veces lamentó haber nacido al sentirse… tan olvidada.
Así fue como la hija de la viuda creció tragándose sus disgustos para satisfacer a los demás y tenerlos contentos, sintiéndose mercancía manipulada.


Cuando cumplió los 18 años decidió que ya no quería seguir con esa vida propia abandonada en manos ajenas, y habló con su madre. Necesitaba disponer de su existencia. Quería trabajar fuera de casa para una empresa con futuro, prepararse más aunque en aquellos años no dejó de estudiar por su cuenta en casa en los pocos ratos libres que el bebé y los otros trabajos caseros y los que la buscaban, la dejaban. Así aprendió taquigrafía que una vecina piadosa de su situación se ofreció a enseñarla, y mecanografía, inglés, y con todas sus ganas se presentó en una empresa que tenía sucursales por toda la capital de España. Y como además tenía buena presencia y era educada, no dudaron en contratarla. Con esa misma rapidez, le dijo a su madre que avisara a la mamá del niño para que regresara a cumplir con su obligación que era cuidar del hijo que parió y que hacía cinco años dejó en custodia a la entonces niña, con el visto bueno e irresponsabilidad de la madre de la joven.

Era ya tiempo de dejar atrás tanta tristeza, abandono y frustración, para empezar a sentirse persona.

Mientras trabajó en aquella empresa, y debido a su capacidad y disponibilidad, fue ascendiendo de puesto y sueldo, ofreciéndola la directiva la libre elección de sucursal para ajustarse a la necesidad de resolución de sus asuntos personales cuando lo requerían.

Pero su meta iba más allá, quería irse de casa, lejos, a otro país, pues cuando regresó la madre del niño a España no lo hizo sola, se vino con otra hermana más, y como no tenían lugar de residencia, se quedaron a vivir en la misma casa. Ya eran seis personas y las estrecheces volvieron a aparecer. Cuando encontraron trabajo resultó que también los días festivos las ocupaban, y el niño volvía a la tutela de la joven que tras trabajar toda la semana, no descansaba ni los domingos por esa obligación que la seguía restando vida, de la que casi nada disfrutaba.

Harta de ver y padecer ajenas broncas en su casa entre su madre y sus hermanas, estaba dispuesta a irse del país. El aire en aquella casa se volvió irrespirable por la tensión y discusiones que casi a diario allí se producían. Se matriculó en unos cursos oficiales y obligatorios que requerían por entonces a las jóvenes para obtener el pasaporte y poder trabajar en otro país. Estaba decidida, tenía dieciocho años, se iría a Alemania. Un excompañero de trabajo se había instalado allí recientemente y la invitó a ir, “era una locura, pero mejor eso que nada”, -pensó. El trabajo duro no la asustaba, las carencias tampoco, y a la soledad estaba acostumbrada.
En este proyecto estaba, cuando en aquella empresa conoció a un joven educado y apuesto, seis años mayor que ella, con el que contraería matrimonio, y con el que aún sigue casada.

Todos necesitamos de un sueño para seguir viviendo, o corremos el grave riesgo de morir por partes.
Ella continuó no queriendo molestar a nadie para evitar provocar incomodidades ajenas a fuerza de las propias.
Aprendió a ver en los rostros la cara del alma, a valorar en los demás lo que en ella no valoraban, a quererse por si dejaban de quererla como ella necesitaba.
Y se enamoró mil veces, tantas como de ella se enamoraban, sin salir del amor que a su marido le profesaba.
Lloraba, sí, pero las lágrimas lavan, y con ellas se pierde la tristeza y al perderla se halla el camino a la alegría y la dicha de saberse viva, vivida… ¡y gozada!


Geles Calderón

Todos los derechos resevados_Obra protegida_

15 de agosto de 2011

"CORAZÓN SIN ESPALDA" autora: Geles Calderón


(Imagen de HPN)


“CORAZÓN SIN ESPALDA”

Sufrí la presencia
de la atroz ausencia
al buscarte en el dónde
sin encontrar el cuándo,
pero no queda nada
de aquellos todos
cuando por amarte tanto
atrasé mi adelanto.

Maldigo de la memoria
su insistente alerta
de querer revestir
lo que despojé de ropa,
y de credo increíble,
y de arte sin talento,
y del brindis inútil
sobre copa rota.

Ya es tarde para la hora
cuando del reloj niegas
lo cierto de la existencia
del tiempo perdido,
ya el hambre no ansía
ni la descuidada verdad
quiere el aposento
que lleve tu apellido.

Corazón sin espalda
apostando al juego
de negar el eco
de las voces quebradas,
ya no hay remedio,
ya no importa lo que importaba,
la muerte apostó por mí…
¡todas las fichas que jugaba!


Geles Calderón



(Todos los Derechos Reservados)


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17 de julio de 2011

"DOS INSOLENTES..." autora: Geles Calderón


“DOS INSOLENTES…”

Aunque no somos cuentas,
nos sumamos.
Aunque no nos nombremos,
nos pronunciamos.

Aunque no sabes cuánto,
soy lo mucho.
Aunque ya no me hables,
yo te escucho.

Nada fue tanto en su brevedad...
¡ni tan poco cuando fue tanto!


Aunque tu pecho me huya,
el mío es tuyo.
Aunque no te señale,
yo te intuyo.

Aunque no me navegues,
soy tu río.
Aunque en tu pecho lata,
tu corazón es mío.

Dos insolentes enamorados...
¡aunque ninguno lo reconozcamos!



Aunque de mi no te fíes,
soy la más fiable.
Aunque no eres de fiar,
fuiste lo irreemplazable.

Aunque me apriete tu sombra,
silenciaré mi dolor.
Aunque creí en nuestra suma…
¡tú me sacaste del error!

Dos clavos, a golpes…
¡en el mismo árbol clavados!




Geles Calderón
(28-06-11)


12 de julio de 2011

"APENAS..." autora: Geles Calderón




"APENAS…"

Apenas soy la pena que respiro;
cero a la izquierda, sin punto ni coma;
la bestia inútil, que no admite doma;
porción de nada, aire sin suspiro.

Apenas nombre, en tu boca muda;
guitarra de olvido, cuerda sin púa;
último ser, que tu yo conceptúa;
soy la siesta, de tu tarde de duda.

Apenas, una estúpida sonrisa;
calle vacía ensanchado el silencio;
soy el que en mi alma penitencio;
alma astillada que la tuya pisa.

Apenas lado, apenas esquina;
soy el piso que reniegan tus pasos;
de tus días tormentosos, los lasos;
y de tus carencias, la vitamina.

Apenas, sentirme más si me llamas;
triste oportunidad despreciada;
lazo ligado, sin saberme atada;
música esperando sus pentagramas.

Apenas la mentira que no importa;
soy la copa rota que te desangra;
despojo de un sueño que se desanda;
sueño que la madrugada aborta.

Apenas de tu Global, lo mínimo;
mimbre del cesto de tu desatino;
soy lo que no previste en tu destino;
de mis poemas, lo que mejor rimo.

Apenas lo que hoy te reconforta;
luto sin muerto, y risa sin gracia;
bocado que a tu apetito no sacia;
soy el entonces, que ahora no importa.

Apenas soy cuota, de estrella rota;
grito callado que nunca evidencio;
reverencia, si yo me reverencio;
soy tierra, abono y semilla que brota.

Apenas soy lo nunca, de tu siempre;
soy vidente ciega, dejándome ver;
ser dependiente, sin querer depender;
espera que tu busca, me reencuentre.

Apenas sombra, que ni te asombraba;
soy prosa de poema mal escrito;
lo que no permanece, en lo inscrito;
la suma que restos acumulaba.

Apenas… tú buceando en mi alma;
olvido donde dejé lo olvidado;
soy tu Niña de ojos entornados,
la que se apaga… en mitad de tu calma.



Geles Calderón
(Nº 651) (11-07-11)


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