"YO PARA TÍ, PARA MÍ TÚ" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"¡QUÉ IMPORTA!" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"SONETO DEL AÑIL RECUERDO" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"NO ME IMPORTAS" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"¡QUIÉN SABE!" - Poema de Geles Calderón - voz: Bea Salas

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28 de diciembre de 2009

"ÉRASE UNA VEZ..." (voz, letra y video: Geles Calderón)





VIDEO con mi voz:









(grabación con mi voz)



"ÉRASE UNA VEZ..."


Érase una vez una mujer...
¡qué tontería!

Érase una vez una persona...
¿eso es todo?

Érase una vez un alma con cuerpo...
¡demuéstramelo!

Érase una vez... yo.
¿y a quién le importa?

Érase una vez ...
¡déjame en paz!

Érase una vez...
(........ nadie hay para escuchar .......)

Érase una vez.......
¡ Descanse En Paz !


Geles Calderón




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10 de diciembre de 2009

"SI VES AL AMOR" (con mi voz) Video y letra: Geles Calderón







VIDEO y AUDIO con MI VOZ:





"SI VES AL AMOR..."

Si ves al Amor...
Dile que soy aquella hija suya,
la del rostro sin vida
y la mirada apagada.
Esa, a la que a veces aparta
de una patada.
Dile que se me agotaron los sosiegos
de tanta herida injusta
siempre en la misma llaga.

Si ves al Amor...
Dile que a pesar de su maltrato,
le perdono este último dolor
que llegó cuando el sueño era paz
y lo que dolió ya no dolía.
Dile que me vuelvo a mi rincón
con lo mejor que conocí de él,
recuerdos que almibaran mis horas
hasta el fin de mis días.

Si ves al Amor...
Dile que la vida se me apaga,
que no me quiero ir
sin el consuelo de su último abrazo
y su última mirada.
Dile que me perdone
por faltar a mi promesa
de no volver a derramar lágrimas
cuando él de nuevo me golpeara.

Si ves al Amor...
Dile que aunque mi sonrisa calla...
mis ojos desteñidos por el llanto le sonríen
agradecida por lo recto de lo torcido.
Dile si le ves... que de andar sin zapatos,
tengo gastados los pies.
Que de tanto ir y volver
sangran hasta mis huesos...
¡y ya no sé qué hacer!


Geles Calderón


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1 de diciembre de 2009

"ÚLTIMO DESPERTAR" autora: Geles Calderón



“ÚLTIMO DESPERTAR”
(Nº 609) (29-11-09)

Ella despertó con el frío calado en los huesos, con el costado desamparado, con la caricia vacía y el ansia agitada por lo ansiado...
Silencio apuñalado, urdimbre de sombras tras las rejas del olvido...

Una vez más, echaba en falta lo que nunca tuvo, presa de lo que carecía y obligada por lo que poseía. Rehén de sí misma y de la libertad que, prisionera, habitaba en su alma... toda ella era un museo de ecos y sombras nunca resueltos por no debatidos.

Sus sienes latían, su corazón bombeaba vacío, porque la sangre pareció estancarse en las laderas de alguna arteria dormida.
Quiso pronunciar algo, un nombre..., una sola palabra de reclamo para ser ayudada, pero que se ahogó en su garganta antes de hacerse sonora.

Sus ojos de niebla tejían lunas de desconcierto en un cielo de desamparo en mitad de la silenciosa madrugada.

Despertó con el corazón en los huesos y el reloj de su vida sin cuerda.

¡Cuánto escuece la vida, cuando fue desgarrada y abandonada a su suerte!

Vivir es sólo eso: ¡llegar hasta la muerte!



Geles Calderón
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29 de noviembre de 2009

"TU MINUTO" (soneto) autora: Geles Calderón



“TU MINUTO”soneto
 (Nº 317) (10-01-04)




Me diste un minuto, la tarde aquella,
provocando tormenta que aún resuena
entre las arterias de mi condena.
Tu voz… ¿cómo pude vivir sin ella?

Mi nombre en tu boca: ¡rima tan bella!
Tu minuto, fue: ¡calibre a mi vena!
Tu risa: ¡cura final a mi pena!
Tu roce... ¡ruta directa a mi estrella!

Añoro aquel azul minuto de arte,
y rubrico mi nombre bajo un nudo
con mi sangre, para que a ti yo me ate.

Fue tal la dimensión al celebrarte
y el trazo de tu imagen tan agudo
¡que convertí en mi vicio, recordarte!




Geles Calderón
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20 de noviembre de 2009

"SIN QUEJIDO" (soneto) autora: Geles Calderón




“SIN QUEJIDO”
(soneto)
(Nº 307) (12-12-03)


Cuando el látigo lance su chasquido
sobre la carne herida de su alma
sucumbirá ante la muerte con calma
dejándose engullir sin más quejido.

Llevará su amor junto con su olvido
a las tinieblas de la eterna noche,
donde nunca su amor oirá reproche
de estarle amando y haberle perdido.

Con cemento y metal sellará el nido
que cobijó su amor en otro tiempo
nutriendo su dicha de haber vivido.

Ya se va de su insípido aposento
a morir en el valle del olvido
lugar de abandono… y morir lento.


Geles Calderón

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17 de noviembre de 2009

"DICES QUE SOY FUEGO" (soneto) autora: Geles Calderón



“DICES QUE SOY FUEGO”
soneto
(Nº 052) (13-02-02)

Me defines como fuego que abrasa
cuando entre tus brazos me estoy perdiendo
como volcán vivo para ti ardiendo
que a la vez que palpita todo arrasa.

Es que para mí tus labios son brasa
y a la vez soplo de viento a mi fuego,
por eso a tu ardor y a tu piel me entrego
sabiendo lo que entre tú y yo pasa.

Pero fue tan poco lo que yo te di
y fue tanto lo que tú me entregabas...
que tu viento tornó a ardiente fuego,

y con esa llama que hoy te abrasa,
yo vivo el recuerdo de nuestro juego,
¡juegos de amor... en que tú me gozabas!


Geles Calderón

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12 de noviembre de 2009

"AÑOS PROVISIONALES" autora: Geles Calderón





“AÑOS PROVISIONALES”
(Nº 412) (09-10-05)

Años de tejido de calceta,
de puntadas de ida y vuelta,
de sentirme como miga
que de tarta de banquete
fue a parar a la loseta.
Años de haberme ido
sin haber llegado,
con las manos heridas
por aferrarme a un recuerdo
de un te amo del pasado.
Años provisionales,
años de exigencias,
años de perdídas edades.
Años de palabra escasa
para mi sed y mi hambre.
Años de hilo fino
para roto grande,
de zurcir tejido ajeno
con las hebras de mi alma
y teñidas con mi sangre.
Años sin luz,
de sentirme ángel bastardo,
años de edad que dormía,
de transeúntes ignorados.
Años de trenes perdidos,
de suponer un suponiendo
con el mañana dependiendo
de un hoy que de ayer dependía.
Años de caligrafía perfecta
en papel olvidado
en el fondo de la maleta.
Adecuados pasos en línea recta,
ni un tono más bajo,
ni uno más alto por si molesta.
Años provisionales...,
años de reloj atrasado,
años… ¡tirados en la cuneta!



Geles Calderón


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"MAÑANA PODRÍA SER TARDE..." (sueño) autora: Geles Calderón



“MAÑANA PODRIA SER TARDE...”(sueño)


Estaba yo con mi hija y con todos sus amigos/as en un edificio. Formaba parte del grupo.
Estaba muy ocupada ordenando cosas.

De pronto uno de sus amigos, en medio de todo aquel ajetreo, vino hacia mi con una sonrisa en su rostro y me regaló un par de pendientes en forma de estrella con cristalitos rojos muy bonitos, aunque un poco ostentosos para mi estilo, pero ideales para una ocasión especial. Le agradecí su espontáneo regalo y seguí haciendo cosas, esta vez lo que hacía era "mi equipaje", pero me faltaba una prenda que yo buscaba con empeño, se trataba de mi sujetador preferido, uno de color negro.
En esto que, de nuevo, esa persona se acerca con algo para mi. Esta vez era un "corset" de fino encaje rojo, muy delicado y bonito. Yo, extrañada, le pregunté: "¿por qué me regalas todo esto hoy?"... a lo que él me respondió, de la manera más tierna y natural: -"Porque mañana podría ser tarde para que estrenes algo bonito!" ... Cuando oí eso, rompí a llorar.

(Sueños con finales "húmedos", los míos, pero de una humedad... menos gozosa!)


Geles Calderón
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10 de noviembre de 2009

"CADA SIETE DIAS..." autora: Geles Calderón



“CADA SIETE DÍAS...”
(Nº607) (08-11-09)

Ella despertó temprano. Sola en su lecho, como cada día.
Encendió la televisión para ver, como de costumbre, a primera hora las noticias, pero esa mañana su mente volaba a unos cientos de kilómetros, donde las aguas mediterráneas bañan otras pieles ignorando la ausencia de la suya.
Mientras ella se pierde, con los ojos entornados, en su ensoñación, su esposo duerme en una contigua habitación. Antiguos motivos, desde hacía más de dos décadas, determinaron que así fuera esa situación.
Pero algo la sacó de su ensimismamiento. Abre los ojos. Oye los pasos de su marido, se está acercando a su dormitorio. La puerta se abre con delicadeza y él aparece frente a ella con una flor de jazmín entre sus dedos, recién recolectada del jardín de la casa. Se lo entrega junto con un “buenos días” y un leve beso que apenas roza la comisura de sus labios. Se descalza, acomoda sobre un extremo de la almohada uno de los dos grandes cojines que reposan sobre la alfombra, y se introduce entre las sábanas de la amplia cama en la que ella yace.
Ritual repetido cada siete días… Ella se lo conoce. Nada cambia. Cualquier detalle que en su día pudo ser bello, si cae en rutina, se convierte en invisible, y ella ya no apreciaba la flor, ni su aroma, ni existía la sorpresa de su toc… toc…
Todo era repetitivo: la misma forma a la misma hora; cada gesto, cada movimiento; mismo tono de las mismas palabras que ella ya adivinaba; cada mirada, cada “intención”… y la de su marido era poseerla, hacerla suya… “suya”, ¡qué ironía! Era su esposa, pero él sabía que si alguna vez le perteneció, de “cuándo” ya se olvidó.
Ella no le deseaba. Intentó zafarse con excusas poco convincentes, pero él pacientemente cejaba y volvía a insistir… Sus caricias, aún siendo suaves, a ella la dolían. Lento e interminable ritual de rutina semanal.

Después de torpes intentos de él, y de huidizos labios y abrazos de ella, el “acto” se consume. Pero un instante antes de alcanzar la cumbre, ella recurre a la memoria, y entre sus recuerdos más hermosos de otros besos y otros encuentros deseados… acudió a su llamada de ayuda, su último gran amor malogrado. El rostro de aquel hombre se le apareció fresco y nítido frente a ella, sustituyendo la imagen de su marido. Se le presentó entre burlón y gozoso a modo de flash, ¿para martirizarla? ¡No! ¡Para ayudarla!
Ella podía oler su aroma, y oírle cómo la llamaba de esa forma que nadie nunca la llamó. Podía sentir su empuje viril siempre mirándola a los ojos mientras se poseían con deseo y pasión en amoroso encuentro pleno de imaginación y armonía. Tanto fue así, que su boca casi la traiciona al iniciarse en sus labios, por dos veces, el comienzo del nombre de quien imaginaba dentro de ella, y que luego en susurro terminaría de pronunciar, mientras dos lentas lágrimas resbalaron por sus mejillas.

Así fue como ella consiguió culminar sus reprimidos deseos por otro hombre… ¡entre los brazos de su marido!

Al acabar, tumbada boca arriba, dos nuevas lágrimas silenciosamente resbalaron hacia sus sienes. Cierra los ojos intentando olvidar la imagen de la aparición…
En la televisión que cuelga de la pared frente a su cama, comienza un documental sobre el mundo animal. Los ojos la arden. Su marido se quedó dormido a su derecha. Ella abre los ojos, fija su mirada en la pantalla de su televisor y… un primer plano de los ojos azules de un lobo blanco la miraban… ¡rompió a llorar!

Geles Calderón


3 de noviembre de 2009

"BRILLANTES DE COLOR" (sueño) autora: Geles Calderón






“LOS BRILLANTES DE COLOR”
 (sueño) (03-11-09)

Estoy sola.
Tengo en mi mano un bolígrafo, fino y transparente, sin cargador de tinta.
A mi derecha hay un lienzo en blanco colgado de la pared. No observo más decorado.
Estoy pensando en algo pequeño y brillante, insignificante para todos, importante para mi... No sé bien de qué se trata pero es como si necesitara urgentemente poseer o ver algo con brillo frente a mi.

De pronto veo algo muy pequeño de color verde brillante que sobre ese lienzo que cuelga, blanco impoluto, a mi derecha parece llamarme. Acerco mi bolígrafo sin tinta con intención de tocarlo... Se trata de un brillante verde tallado, extremadamente pequeño, visible sólo a mis ojos. Cuando aproximo el fino bolígrafo vacío sobre él, se adhiere, ante mi sorpresa, al mismo como si de un imán se tratase...
Es extraño... ¿cómo es posible?, pero lo cierto es que yo no dudo en cogerlo y, después de observar su belleza, lo guardo con gran satisfacción por mi parte, y con ganas de observar con atención, a partir de ese instante, todo lo que brille, por pequeño que sea, a mi alrededor.
Este simple propósito me lleva a localizar otro nuevo brillante, pero esta vez es azul y del mismo minúsculo tamaño que el anterior.

Mi alegría va en aumento, no sé como explicarlo, pero mi satisfacción de hallar tan minúsculos brillantes de colores sin importarme su valor... me hace sentir feliz.
Es notable que los brillantitos de tamaño inferior al de una lenteja, significan mucho para mi...

Me muevo del sitio, voy hacia la cocina y allí veo sobre la pared más brillantitos verdes y azules... Paso mi bolígrafo y a modo de imán los adhiere y yo los recojo y guardo con los anteriores, pero al instante y allí mismo donde recogí estos nuevos brillantes, veo varios más. Se van multiplicando para mi... Van siendo demasiados, ya no me caben en la cajita que poseo..
Tanto se multiplican, que el suelo se llena, en el lateral derecho de mi cocina, de esos preciosos cristalitos, sólo que esta vez el color ha cambiado, van perdiendo su brillo...
Ahora ya no brillan, son de un marrón semi opaco.

Salgo de la casa y voy a mi jardín, pero... de pronto allí veo como se multiplican y forman un alargado montón bien definido sobre el césped. Ya no brilla ninguno, son semejantes a cagaditas de ratón: alargados, puntiagudas en ambos extremos, sin brillo y de color marrón. Además, ahora observo que desprenden calor. Allí donde reposan estas “cosas”, el césped está caliente bajo mis pies descalzos...

Me siento mal, aquello ya no es bonito, ni lo deseo, ni sé como acabar con ello...

Despierto angustiada.


Geles Calderón
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27 de octubre de 2009

"GELES HA APRENDIDO..." autora: G. Calderón


“GELES HA APRENDIDO...”
(Nº 191) (20-03-02)

* He aprendido que amor correspondido es vivir un sueño elegido.
* He aprendido que sólo hay un paso del querer al amar y que por tanto, hay veces que no sabes bien en que lado estás.
* He aprendido que una cosa es amistad y otra confianza, pero que la primera no puede existir sin la segunda.
* He aprendido que un sentimiento sin ser expresado a quién lo inspira, carece de oportunidad de ser abrazado.
* He aprendido que la ternura no se aprende, se tiene o no se tiene.
* He aprendido que ser uno mismo es tu mejor tarjeta de visita.
* He aprendido que la edad poco tiene que ver con el calendario.
* He aprendido a valorar a los otros por lo que son y no por lo que aparentan ser.
* He aprendido que hacer pequeñas locuras, a veces son el salvavidas del ahogo de la monotonía.
* He aprendido que como tú te quieres, nadie te querrá y que tú puedes ser tu peor enemigo. Por eso... ¡llévate bien contigo!
* He aprendido que cuando la soledad aprieta, el recuerdo ahoga.
* He aprendido a sacar fuerzas de flaqueza para llegar a una meta.
* He aprendido que la pasión no desaparece con la edad, solo cambia de ser que la inspira.
* He aprendido a entregar sin esperar recibir, a escuchar a quién tiene necesidad de decir.
* He aprendido a silenciar lo que puede herir.
* He aprendido a decir con la mirada lo que el habla no se atreve.
* He aprendido que cuando estas hundido, una frase de un desconocido que captó tu sentir, puede devolverte la vida.
* He aprendido que el mejor perdón es la comprensión.
* He aprendido que te puedes enamorar perdidamente de quién juraste, hasta ayer, no hacerlo jamás.
* He aprendido que llegar unos minutos tarde a una cita o unos minutos antes de lo que te esperaban, puede cambiar la trayectoria de tu vida afectiva o laboral.
* He aprendido que no hay nada más deseado que lo que nunca has tenido.
* He aprendido a ver con los ojos cerrados y a paladear unos acordes.
* He aprendido que contarte a ti mismo un cuento cada mañana para poder comenzar un nuevo día, no te ayudará a pasar del mediodía.
* He aprendido que mirando a los ojos del que te habla, escuchas muchas más palabras.
* He aprendido a decir NO cuando esperan un SI y a irme de una reunión en la que no me siento feliz.
* He aprendido a ser dialogante con el agresivo y paciente con el indeciso.
* He aprendido a perder el tiempo para ganar armonía.
* He aprendido a respirar también por cada poro de mi cuerpo, a estremecerme sin pudor si lo deseamos los dos...

…Y sé que no dejaré de aprender, porque aún habiendo aprendido tanto, recientemente aprendí:- Que palabras tardías sin hechos recientes, no escriben libro; ni el jardín de la ilusión reverdece, si por abandono lo dejaron secar y perece.
- Que el refranero es sabio cuando dice: “Hechos son amores y no buenas razones”.
- Que un “te amo” no son dos palabras, sino un sentir que cuando es cierto no te deja vivir.
- Que el que no siembra no recoge, a no ser que roben lo que otros labraron y esto en el querer… para el que descuidó, siempre es perder.
- Que perdonar demasiadas veces desgasta. Ahora que otros perdonen porque yo ya dije: ¡Basta!

Éstas son algunas cosas que aprendí, y aún así… ¡Nunca perderé la ilusión de vivir!


Geles Calderón

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24 de octubre de 2009

"AEROPUERTO TRISTE" (retrocediendo en el tiempo...) autora: Geles Calderón



“AEROPUERTO TRISTE”
(retrocediendo en el tiempo sin saber por qué, ¿o si?)(Nº 577) (02-05-09)

Recuerdo un aeropuerto triste
dónde un avión con algo mío partiría.
Un abrazo, un beso, un "te amo vida mía"…
y tras el cristal de la sala
mi triste mano alzada le despedía.
Pero de pronto intuí
que era nuestra última despedida,
y por lo tanto, el último adiós que me decía.

El avión despegó y yo allí quedé sola
como una maleta a la que su dueño olvidaría.
Y supe en ese momento
que su débil amor, el que por mí sentía…
¡se acurrucó en el vientre de su olvido
como un feto malogrado, al que nadie paría!

Él fue mi primer gran Amor,
el hombre con el que quise compartir mi vida.
El que elegí como padre de mis criaturas, si las tenía,
y al que amé… ¡como a pocos amaría!
Yo, inocente adolescente, ingenua niña
para alguien que, a diferencia de mi,
media vida recorrida tenía.

¡Le quise tanto! ¡Tanto le quería...!
Pero yo sólo era temprana flor
para un jardín de flores abiertas
ansiosas de recibir y darse con sabiduría.
Yo era sólo un “diamante en bruto”, como él me decía.
¡Era tan ingenua, tan soñadora…, tan niña!

Y así fue que, el día último de aquel año,
tres meses después de aquella breve despedida,
decidí rubricar aquel adiós con un:
“Año Nuevo, vida nueva. Adiós para siempre, vida mía”,
mientras dos lágrimas se me escapan
humedeciendo aquel folio en que me despedía
pleno aún de mi Amor… ¡porque aún le quería!



Geles Calderón


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19 de octubre de 2009

"SI FUE... YA NO ES" autora: Geles Calderón



“SI FUE... YA NO ES”(retazos de una vida)
(Nº 563) (10-03-09)


Infancia de roto cristal,
como un cuento repetido
de un trono desvanecido
en un palacio artificial.

Y en sus horas arrugadas,
sólo las lunas de carbón
lloran recuerdos de perdón
sobre estrellas enlutadas.

Paciencia de sed salada
por las miradas que no ven
las aguas sobre aquel papel,
y la varita sin hada.

Música lenta encendida
sobre la pulcra oscuridad,
mece sábanas de ansiedad
y belleza desvalida.

Ansiedades escurridas
sobre agua de su pena,
sangre caliente sin vena,
atardecer de partida.

Ir sin saber dónde iba...
ocultaba los encuentros,
cuando fue miles sin cientos
y boca de dos salivas.

Su azul mirada imposible
-siempre presente en su mente-,
dicta error aunque no miente,
confundiendo lo entendible.

Fueron gargantas añejas
plenas de cielos pálidos,
que entre ojos impávidos
mueren de añoranzas viejas.

Siendo cisne para un lobo
-muñeca rota ocasional-,
el predestinado final...
¡los ahogó en su propio lodo!



Geles Calderón

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16 de octubre de 2009

"DESPEDIDA AMARGA" autora: Geles Calderón



“DESPEDIDA AMARGA”
(Nº 049) (09-11-02)

Desde mi tristeza y mi dolor,
desde mi agradecimiento
por lo que me has dado,
desde mi eterno cariño...
¡te pido perdón!
Perdón por lo que, sin saber,
te he dañado.
Pido perdón por quererte
y no haber sabido expresarlo.
Pido perdón por ser como soy,
pido perdón por existir...
y pido perdón por si un día
me voy con mi angustia
caminando por el asfalto.

¿Qué puedo hacer...
si siendo como soy te hago daño?

Ya me estoy marchando,
pero cuando yo estaba...
no había venganza,
éramos dos amigos soñando.
Ahora finjo una sonrisa
cuando de ti me están hablando.
Ahora ya nada importa,
éramos amigos y ahora...
¡nos estamos marchando!

Si quisieras tocar mi mano
advertirías que estoy temblando,
sólo el roce de mi mano y sabrías...
que quizás te estoy amando.
Pero eres mi amigo
y a un amigo... ¡se le ama callando!

Me consuela saber
que aún tengo guardado
el tesoro de nuestros sueños,
de esos viajes inventados;
de que al alzar tu mirada en la noche,
un día sin poder evitarlo…
veas de nuevo un antiguo rostro
en tu estrella polar reflejado,
que desde su brillo te sonríe
sin importar el tiempo pasado.

Desde mi alma de fuego
salían llamaradas
si leía tu nombre...
si tú me nombrabas.
Eras mi lucero primero,
y mi primera luz del alba.
Pero tú no apreciaste
lo que yo te daba,
sólo nos herimos con tercas palabras,
impotentes los dos
por lo que el corazón albergaba.
pero el que ahora dice que me amaba,
entonces… ¡callaba!

Eras mi amigo,
y a los amigos no se les ama.
¡Pero tú me amabas y yo lo ignoraba!

Hoy me tragué sola mis lágrimas,
por tu ausencia...
y porque de mi te alejabas.
Yo seguiré fingiendo una sonrisa
cuando de ti alguien me habla;
pero si un día miras dentro de ti
y ves que una sombra corre y escapa,
si notas una presencia sin rostro,
un “algo” que por dentro
busca un lugar donde acurrucarse
y escapar de tu mirada...
piensa en un alma asustada
que quizás aún te ama…
¡y ahora es ella la que calla!

Dices que ahora eres feliz,
eso cuentas a los que hablas
pero te engañas,
porque olvidas que,
sólo hace unas horas
llorando gritabas...
¡Que me amabas!


Geles Calderón

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6 de octubre de 2009

"SOLILOQUIO" autora: Geles Calderón



“SOLILOQUIO”

¡Basta de silencio!, la cabeza me bulle...,
mato, muero, vivo, duermo, despierto,
sueño, grito, salgo y entro, caigo y vuelo,
sudo, respiro, lucho y me enfrento.
¿dónde estoy?
¿por qué no me veo?
no me toco... ¿existo?, ¿me elevo?,
o acaso... ¡vuelo!,
¿Una copa?, no, no bebo...,
soy un regalo, recibo un desprecio,
camino con ojos cerrados, te veo y no estás,
camino por las nubes,
yo no soy... pero me grito,
te señalo, ¿dónde estás?
no existe lo absurdo, soy yo...,
¿no me comprendes?, es porque no respiras,
desnudo mi alma frente a ti,
lloro, pero es por mi, no te apenes...,
¡sé tú!, olvida aquella sombra, inspira,
no importa el antes,
revuélcate sobre la tierra,
te espera desde hace siglos,
huélela, aráñala, lámela,
es lo más antiguo bajo tus pies,
es lo más vivo, lo más natural,
lo más necesario para cada ser y tu caudal,
valora cada mota de polvo, cada rayo de luz
o cada sombra que ella provoca o provocas tú,
tócate, huélete, explórate, conócete,
pero sobre todo: ¡quiérete!,
nadie lo hará como lo haces tú,
¿qué no te quieres? entonces estás perdido,
sólo existes atrapado en la maraña que tejiste
sin saber que creabas tu propia tumba antes de morir,
antes de que te lloren -si te lloran-
cuando tu cuerpo empiece a pudrirse,
pero aún lates,
bombea ese órgano -a veces maldito-
que yace dentro de tu pecho,
óyelo, siéntelo, se acelera,
se hace notar, te llama,
tiene vida propia,
¡qué “sin sentido” es decir esto!
porque sin él... tú estás perdido,
sin encuentro.
Alza tus brazos al Universo,
toca lo infinito con tu imaginación,
salta, corre con todas tus fuerzas
detrás de tu sombra
para que no te arrebate el segundo puesto,
¿el primero? ¿quién quiere ser el primero?,
es una equivocación,
siempre es útil la sombra del predecesor
para cobijarse de la excesiva luz o calor,
sal al encuentro de semejantes
sin mirar procedencia, formas,
color, idiomas, o si son o no constantes,
date, ábrete, ríe si quieres, abraza si sientes,
confiésate -si pecaste- al culpable de tu pecado,
pero ¡nunca a un confesor!,
y cuando llegue tu día final,
si eres consciente de ello...
dile a quien más te ame de los vivos:
“Si ves al amanecer, dile que no me espere”,
y después ya te puedes ir al nunca jamás en paz,
porque nada debes en el mundo de los llamados “vivos”,
ya que la vida te la llevas contigo,
porque lo demás... ¡no importa a los muertos!

(Para ver el video, detén la música de la portada, gracias)




Geles Calderón
(Nº 492) (04-03-08)
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1 de octubre de 2009

"LA NIÑA DE LA SONRISA TRISTE" (cuento) autora: Geles Calderón




“LA NIÑA DE LA SONRISA TRISTE”
(cuento) (Nº 490) (año 2001)

Era víspera de Reyes, la pequeña estaba inquieta por saber lo que le traería su rey mago Baltasar. Era el “rey negrito”, así decía ella. La niña pensaba que por ser de ese color, nadie le escribiría cartas, así que, desde un principio, ella quiso que el rey negrito fuera el que le trajera su regalo.

Era noche fría y oscura. La mamá de la niña se apresuraba a recoger los últimos cacharros de la vajilla en la cocina. -Había que dejarlo todo muy limpio antes de que llegaran los Reyes Magos, le decía a su hijita, porque si lo ven todo desordenado o sucio pasarán de largo y no dejarán tu regalo.
La pequeña escuchaba con los ojos muy abiertos lo que le decía su madre, y sin dejarla acabar de hablar, se apresuró a guardar en el cajón la servilleta, después cogió la caja de galletas y la quiso meter en el mueble pero estaba demasiado alto..., corrió a por un taburete, se subió en él con la caja entre sus pequeños brazos y con mucha dificultad, la colocó en su sitio, y dijo: -Ya está, mamá, ya está todo guardado y Baltasar no se olvidará de mi regalo”. La mamá hizo una mueca que la niña no pudo apreciar, pero que anunciaba algo difícil de pronosticar...

El viento soplaba fuerte esa noche, y por las rendijas de las ventanas se filtraba un hilo de aire frío que hacía moverse suavemente las finas cortinas.
La niña y su madre, cogidas de la mano, se dirigieron hacia su dormitorio. Desde que murió el padre, siempre duermen juntas en la misma cama que antes fue del matrimonio.

Ya era medianoche, la niña cayó rendida de sueño y durmió plácidamente, no sin antes dejar sus únicos y viejos zapatos, bien limpios, a los pies de la cama.

Fuera, el viento cada vez soplaba más y más fuerte, pero eso ya sólo lo oía su madre que no podía dormir. Era la primera noche de reyes sin su marido, y no tenía dinero para comprar nada a su hija...
No podía dormir y el tiempo pasaba... Tenía que pensar, pensar...

Afuera se oían las desnudas ramas de los árboles más cercanos batirse entre ellas.
Las horas de aquella madrugada pasaban con sensación de lentitud. La madre pensaba... pensaba.

De pronto, escuchó un ruido en la cocina, un ruido poco común. No era el viento, no eran los árboles, era un sonido diferente... ¿Qué era aquel ruidito? No esperó más, se levantó despacio para no despertar a la pequeña, encendió una linterna que siempre tenía en la mesilla y se acercó descalza, a pasitos cortos pero firmes, hacia la cocina, lugar de donde procedía el ruido que la distrajo de su pensamientos y que era como si alguien estuviera rascando algo, era como si..., ¡eso era!, se oía “roer”. Enseguida comprendió, allí estaba, era un pequeño ratoncito que en un extremo de la cocina, al resguardo de una caja de cartón, estaba muy confiado comiendo un trocito de pan duro que no se sabe como fue a parar ahí.
La madre quedó un momento observando aquella escena con una leve sonrisa de ternura en su rostro.
De pronto, se le pasó por la cabeza algo que podría llevar la felicidad a la pequeña si actuaba con rapidez y destreza. Atraparía aquel pequeño roedor para su hija... Ese sería el regalo del “rey negrito”.

La niña, desde que murió su papá, había perdido la sonrisa. Era una pequeña de cuatro años, muy triste... No quería jugar con nadie, y siempre estaba junto a su madre, no se separaba de ella nunca. Era como si temiera perderla también. Si, eso era, temía quedarse sola en este mundo y eso la aterraba.
La pequeña no había vuelto a reír.
Así que estaba decidido, había que atrapar al ratón como fuera, pensó la madre.
Se adentró sigilosamente en la cocina, cerró la puerta tras de ella, apagó la linterna y con un pequeñísimo haz de luz de luna que se filtraba por la ventana, pudo ver exactamente donde y cómo atrapar al pequeño ratoncito. Sólo tenía que volcar la caja vacía de cartón sobre el animalito. Así lo hizo, y con tanta rapidez, que no tuvo necesidad de andar corriendo por la estancia tras el roedor... ¡ya lo tenía!
La niña de la sonrisa triste tendría su regalo de reyes.

Amaneció. La pequeña despertó y... comprobó que Baltasar la visitó como había hecho cada año, pero esta vez la había dejado el mejor de los regalos: Un “amigo” con quien compartir tanta ausencia. Un ser vivo, pequeño y delicado como ella, al que cuidaría con todo el amor que guardaba en su corazón la pequeña niña.

La mamá también recibió un gran regalo: El semblante de su hija que reía... después de casi un año sin volverlo a hacer, desde la muerte de su padre.

Ese fue el mejor de los regalos que aquella madre recibió ese mismo día en que su niña de nuevo rió.

Geles Calderón
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"MUERTE" autora: Geles Calderón



“MUERTE”(Nº298) (05-12-03)

Brama la herradura de mi existencia
desgarrando las rutas de mi carne,
taponando circuitos de mi sangre,
robándome la vida sin clemencia.

Me enfrento a tí, oscuridad y daga,
con corazón valiente y abatido
en siniestra hora del alarido,
viscosa sombra que todo lo apaga.

El último respiro ya se acaba,
y en él crezco, y revivo lo amado,
pues crece el relieve de lo gozado...
¡y río mi última carcajada!

Geles Calderón

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"SUEÑO CON..." autora: Geles Calderón



“SUEÑO CON...”(Nº 582) (15-05-09)

Sueño con unas manos calientes
que compasivas cubran las mías
frías como el témpano,
desnudas de compañía.
Y que una voz comprensiva
a mi oído le rece un día
que soy más que su salvación:
¡la luz que precisaba y no tenía!
Sueño con un alma que, como la mía,
detecte y desprecie a expendedores
de la tan rentable hipocresía,
pábulo de lo vulgar e invidente de la valía.
Y unos ojos que, sin hablar, me digan
lo que los labios, a decir, no se atrevían
ignorando que quizás los míos
ya susurraban lo que gritar querían.

Sueño con un soñador
que sueñe un soñar permanente,
dónde precise una soñadora
que comparta su ensueño eternamente.
Sólo aspiro a encontrar la mitad de mi alma
que por algún barranco debió caer un día.
No me digáis que ha muerto, por Dios,
mentidme, porque sin esperanza... ¡moriría!


Geles Calderón

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29 de septiembre de 2009

"LA DAMA DEL VIENTO" (cuento) autora: Geles Calderón



“LA DAMA DEL VIENTO” (cuento)
(Nº 491) (año 2002)
En un lugar llamado Erbnom-Nis, un día el viento soplaba con una fuerza tal, que los tejados de viejas tejas volaban, los árboles se inclinaban resignados y las cosechas peligraban.
Ya estaban los habitantes del pueblo a punto de perderlo todo, cuando se formó en lo alto de la colina, un fuerte remolino de polvo y confundido con el sonido del viento, dejaba oírse una canción. De pronto, cesó el viento y el remolino desapareció, y vieron en su lugar a una dama esbelta de cabello muy largo y oscuro, que se alejaba hacia el valle.

Desde entonces, a esa dama se la veía por el poblado adquiriendo algún enser, leche, frutas. De esta manera fueron conociéndola poco a poco, aunque era mujer de pocas palabras y gran belleza. En su larga melena negra destacaba un mechón rojo, que ondulante acariciaba su mejilla derecha. Sus grandes ojos eran de tonos diferentes: uno era del color de la miel y el otro verde musgo. Esto, junto con sus largas y espesas pestañas, le daban un aire misterioso.

Cuentan que el hombre que logre hacerla llorar, podrá ver que derrama lágrimas por un solo ojo, el de color miel, y que solo entonces podrá ver los dos ojos de un mismo color: verde musgo... los dos a la vez, y si en ese momento miraran a los tuyos... te enamorarás perdidamente para no olvidarla jamás. Tras de su mirada húmeda, tu dicha será corta, porque tu paz pronto se convertirá en pesadilla ya que nunca podrás poseerla, porque su corazón fue herido grave por antiguo amor imposible, y cuando curó del mal... perdió la capacidad de amar.
Debes saber algo más: Si eres varón y tu mirada se encuentra con la suya cuando ella llore, el hechizo se habrá realizado. Soñarás noche tras noche con la dama, y en tus sueños te serán revelados conocimientos que nadie del lugar conoce, y tu sabiduría será grande, pero... a medida que ésta aumenta, también tu amor por ella irá creciendo en la misma medida, y una noche de brujas (San Juan) ella vendrá a visitarte para hacerte suyo, y no verás el amanecer nunca más, porque al satisfacer tu deseo tan largamente alimentado, tu corazón mal herido de amor, no podrá soportarlo, y en su último latido, ella derramará una lágrima sobre tus labios y desaparecerá de nuevo entre las sombras de la noche.
Así le pasó a un joven del lugar, pero... esa es otra historia.

Su belleza es semejante a un palacio, cuya fachada es tan hermosa que uno no aspira a llegar más que al umbral, y se queda ante ella perplejo y deslumbrado, satisfecho de que lo dejen a uno estar allí solo para admirarlo, casi saciado.
Aunque su nombre es Selegna, la conocen por “La dama del viento”, y todos la respetan, nadie sabe su edad, pero su aspecto es joven, sus movimientos son lentos y ello le hace aún más majestuosa, como llegada de otros mundos. Nadie sabe tampoco de dónde vino y no se la conocen parientes. Su voz es cálida, aterciopelada y suave como su andar pausado.
Con los niños del lugar tiene mucha paciencia y tolerancia. Cuando la ven, se acercan corriendo a besarla y pedirla que les cuente una historia. Ella con una dulce sonrisa les complace y pronto se la ve rodeada de criaturas que, sentadas a su alrededor, la escuchan casi sin respirar.

La dama solo se deja besar, jamás besa, aunque hay quién dice que la vieron besar un día a un pajarillo que posado en su brazo, ella le acariciaba su ala herida, e instantes después alzó el vuelo dando dos círculos sobre su cabeza, para luego alejarse trinando. Quién observó esto, cuenta que la ha visto hablar con las aves y que ellas la responden con bellos trinos jamás escuchados.

Para llegar a su hogar hay que atravesar campos de siembra, cruzar el río por su estrecho puente de piedra antigua, subir a la colina y desde allí se divisa un hermoso valle de una hierba casi virgen que invita a recorrerlo corriendo descalzo y volver a hacerlo una y otra vez hasta caer sobre su lecho desmayado.

Allí está su casa, es una cabaña hecha de troncos del bosque, y en la pradera un caballo negro de largas y brillantes crines, pasta. Una cabaña junto a un gran castaño que la cobija del sol. Un pequeño riachuelo, de aguas cristalinas, atraviesa el valle para encontrarse con el río. A un lado, el bosque deja oír el batir de sus árboles, meciendo tus oídos.
Los sentidos despiertan ante tanta belleza y paz. Si inspiras profundamente, tu pecho se llena de frescor y aromas naturales. Si te descalzas y caminar sobre esa hierba fresca sentirás que formas parte de la naturaleza que tus pies acaricia.
En las noches de luna llena, a la dama se la ve alejarse galopando sobre su caballo negro, de nombre Ogima, hasta un lugar donde el río hace un recodo y sus aguas son mansas y profundas. Allí se despoja de sus vestiduras y a la luz de la luna se zambulle. Ella parece entonces una de esas criaturas de las que la naturaleza se enorgullece y solo nos las deja contemplar de lejos, como un regalo que no nos ha sido destinado. Su belleza se asemeja a la de una sirena, porque su larga cabellera aún lo es más cuando está húmeda, y su cuerpo mojado brilla como nácar negro en la noche. Se desliza lenta y sinuosa como si las aguas y ella se pertenecieran, como en un abrazo se confunden las ondas del tranquilo río y ella.

Hay un anciano en el pueblo que tiene más de un siglo de edad y va cada tarde a la taberna a tomar unos vinos con los lugareños, y cuenta que cuando él era niño, conoció a una mujer anciana que se le parece mucho a “La dama del viento”, porque también tenía un mechón rojo en su melena canosa y un ojo de cada color. Una anciana y “bruja”. Y cuenta que vivía en una abandonada cueva de osos en el bosque, y nunca la vieron acercarse al pueblo. No hablaba con nadie, se alimentaba de frutos y raíces, todas las noches abandonaba su cueva y se dirigía hacia el gran árbol, el más alto y antiguo de todos. Frente a él comenzaba, la anciana, a girar y girar sobre sí misma formando un gran viento hasta que su piel se desprendía entera de su cuerpo y elevándose se quedaba colgada sobre un brazo de árbol como si fuera un vestido viejo. Ella entonces, se elevaba sobre todos los árboles del bosque y, veloz como un rayo, se perdía en la lejanía. Nadie sabía a dónde viajaba, pero sí que antes del amanecer, regresaba como se fue, y volvía a vestirse su piel de mujer para volver caminando a su cueva. Esto lo hacía cada noche de luna llena.

El anciano que narraba esto, se toma una breve pausa en su historia para tomar un corto trago de vino y continúa contando que un día, tres chicos adolescentes de Erbnom-Nis que habían oído esas historias en el pueblo, decidieron comprobar por ellos mismos sin era cierto, y sabiendo que esa noche habría luna llena, a la puesta de sol se adentraron en el bosque en busca del gran árbol, y tras encontrarlo, acordaron esconderse cerca para esperar a la anciana bruja y ver con sus propios ojos todo lo que oyeron.

Pronto oscureció y era noche de luna llena. Los tres jóvenes pudieron oír un crujir de hojas secas que intermitentemente producían unas pisadas que se aproximaban hacia ellos, y sin aliento, giraron la cabeza al mismo tiempo hacia la misma dirección. Cerca, muy cerca de ellos, se aproximaba la anciana de larga melena canosa y mechón rojo. Pasó a pocos metros de los muchachos y al llegar frente al gran árbol detuvo sus pasos, alzó los brazos hacia él y comenzó a exclamar en una lengua desconocida, frases en tono alto y luego más alto... amenazadoramente, como si el gran árbol fuera el culpable de toda su soledad y desesperación. Sus gritos eran estremecedores en el silencio de la noche. De pronto, “la bruja” juntó las palmas de sus manos apuntando al cielo y comenzó a girar y girar sobre sí misma a gran velocidad levantando un viento que formó un fuerte remolino de hojas secas que por un momento la envolvieron. Entonces, los muchachos, vieron como se despojaba de su piel sin sufrir desgarraduras, yendo a parar entera sobre una rama del árbol, tal y como habían oído relatarlo.
Los jóvenes abrieron sus bocas tanto como sus ojos, ante lo que estaban presenciando. No salían de su asombro... Después, el remolino se elevó y desapareció con él la anciana.

Tras unos momentos y en silencio se fueron atreviendo a salir despacio de su escondite y se acercaron lentamente a ver aquel colgajo de piel que todavía se balanceaba sobre la rama. Querían regresar, pero uno de ellos, el más mayor, propuso a sus amigos gastar una broma a la vieja bruja del viento... Quería quemar su piel, y esto a los otros les pareció divertido, y así lo hicieron.
Nunca más volvieron a ver a la anciana.

Desde aquel día el gran árbol comenzó a morir lentamente hasta desaparecer.
Este era el relato que aquel anciano contaba en la cantina a los lugareños que habitaban Erbnom-Nis.

La llegada de Selegna con su aspecto joven, pero tan parecido al de la bruja del viento, ha comenzado a despertar desconfianzas en algunos habitantes mayores del lugar, no saben qué pensar, pues aunque ella es más sociable pues se acerca al pueblo, es cariñosa y bondadosa con los niños, y vive en una cabaña visible para todos. A pesar de eso, sus ojos, su pelo, sus dones..., esas coincidencias les desconciertan. Saben que el poder que entrañan sus ojos, pueden ser muy dañino. Nunca la hables de soledades infantiles, ni de animales maltratados o heridos, ni de ancianos abandonados... Cuentan que cuando un animal está herido o enfermo, solo tiene que acariciarlo para sanar su mal, pero ha de hacerlo a solas, sin presencia humana. Y pobre de aquél que maltrate a alguno de sus amigos, porque le echará su maldición, que consiste en que se le volverá contra él el mal que produjo.

Un ejemplo:
El perro del herrero solo comía pan duro que su amo le daba una vez por semana, y estaba muy delgado. Un día Selegna se enteró de esto y a partir de entonces, el herrero que era un hombre robusto, empezó a adelgazar notablemente porque su estómago no admitía otra comida que no fuera un poco de pan duro y agua. Él insistía en comprar a diario carne y pescados, pero era inútil. Después de cocinarlos y cuando ya se lo iba a comer, le empezaban a dar nauseas, dolor de estómago y mareos, así que lo tiraba a la basura, de donde su perro iba comiendo sin que su amo lo supiera, pues estaba demasiado ocupado en él mismo y ya ni pan duro le daba a su perro. Así fue que el animal fue engordando poco a poco y recobrando las fuerzas perdidas y belleza en su pelo antes caído y sin brillo.
Cuando este hombre llegó a estar tan delgado como estuvo su perro, ella fue a visitarle. Le hizo reconocer su equivocación y prometer que a partir de ese día alimentaría al animal con la misma comida que él tomara, y así fue como el herrero recobró su gusto por los guisos y comenzó a recuperar su peso y buen humor, además del placer de disfrutar de la amistad de su mejor amigo, su perro, el cual siempre le fue fiel a pesar de que se olvidara de él.

La dama del viento sabe que para ser feliz es bueno disminuir las necesidades para restar así las fatigas que cuesta satisfacerlas, así se llega a necesitar muy pocas cosas y ésas muy poco.

Ella recoge castañas del árbol que cobija su casa del sol y con ellas hace todo tipo de tortas y panecillos dulces muy apreciados en el lugar donde luego los vende. Nunca olvida a sus pequeños amigos los niños, para ellos hace unas minúsculas figuritas con una masa especialmente elaborada con castañas cocidas, miel y canela que representan todo tipo de animalillos que les regala cuando termina de contarles un nuevo cuento.
Entre los niños que tan atentamente escuchan las fantásticas historias que Selegna contaba, se encuentra Olós. El era el mayor del grupo, tenía doce años y quizás por ello, siempre se sentaba rezagado en último lugar. Le encantaba oírla, era el que mayor atención ponía y no se perdía una sola palabra, ni el más mínimo gesto, ni el más pequeño matiz de su voz.
Cuando Olós volvía a casa, lo hacía corriendo para contarle todo lo que había estado escuchando, a su pequeña hermana que una parálisis infantil la mantenía inmóvil en una silla especial y siempre le escuchaba, son sus enormes ojos abiertos y luminosos como dos luceros en una noche oscura.

Van pasando los años. Las gentes de Erbnom-Nis envejecen, y la dama del viento... también. El anciano centenario falleció hace muchos inviernos, y aquellos niños se hicieron hombres y ahora ya son padres de familia. Olós se casó, después de que su hermana falleciera, y tuvieron una niña preciosa, pero enviudó a las pocas semanas de nacer la criatura y tuvo que cuidar él sólo de la pequeña. Hacía diez días que Selegna no iba por el pueblo y era extraño porque la veían a diario. Esto le preocupaba a Olós y había decidido ir a visitarla al día siguiente. Aquella noche se acostó rendido de cansancio, el trabajo había sido duro y cuidar de su pequeña no le dejaba descansar. Él creía que dormiría plácidamente y de un tirón pero fue una noche de pesadilla...

De madrugada, cuando aún brillaban las estrellas en el firmamento, Selegna volvía a lomos de Ogima de darse su baño de agua y luna, cuando el caballo detuvo sus pasos de pronto...., respiraba fatigado, muy fatigado. Ella se apeó rápidamente y acariciándole el morro le susurró palabras de aliento, ánimo y cariño profundo. Ogima, haciendo un esfuerzo, continuó su caminar junto al de Selegna, muy lentamente. Al llegar a la pradera, no pudo más y doblando sus patas, se dejó caer suavemente sobre el manto verde. Ella estalló en llanto y abrazada a su cuello le habló y le besó y le suplicó... Le dio todos los besos que nunca gastó, sabía que ya no podía hacer nada por él. Su don para curar otros animales, no funcionaba con él, su desesperación era grande porque por su mejor amigo no podía hacer nada. Su vida se escapaba y ella está allí, sin poder parar aquello...
En su alma todos los dolores hicieron presa. Todas las sombras turbias la acecharon y sin quererlo, bebió todas las amarguras. Era el eco de sus sollozos su compañía, cuando amanecía. Acaba de dejar de respirar Ogima.
Desde aquel día las lágrimas externas dejando de correr por su mejilla para convertirse en secretas, que son las que crean heridas profundas hasta perforar el corazón.
La dama no volvió a recoger castañas y sus vecinos y amigos dejaron de verla por el pueblo. Su cabaña permanecía abandonada y con las puertas abiertas.
Selegna había desaparecido.

Pasaron varias lunas antes de volverla a ver un pastor que llevaba su escaso rebaño de ovejas a pastar en la pradera. El sol se empezaba a poner, cuando éste hombre se dio cuenta de que una oveja preñada no estaba en el rebaño. Ya era hora de volver, pero antes debía encontrarla, así que se adentró en el bosque un poco y pronto la encontró, pero también vió algo más... Allí estaba su oveja con dos corderitos recién nacidos. El animal los estaba lamiendo para retirar los últimos signos de un parto, y junto a ellos... estaba Selegna, la cual había estado ayudando al parto de la oveja, y al ver llegar al pastor, ella se alejó corriendo bosque adentro.

Al día siguiente, el pastor contó en el pueblo lo que pasó y los que fueron niños oyentes de las historias de la dama del viento, quisieron salir a buscarla, pues el pastor además les dijo que la encontró muy vieja, el pelo había perdido su color original para tornarse gris, aunque el mechón rojizo seguía igual de luminoso.
Salieron al caer la tarde y sin saber por qué, todos en grupo caminaron en la misma dirección. Pronto se vieron frente a la entrada de una antigua cueva de osos abandonada. Había un estrecho sendero que partía de la guarida y se adentraba hacia la parte frondosa del bosque. Decidieron seguir su trazado y enseguida llegaron frente a un gran árbol, justo en ese momento se desencadenó un fuerte viento, las hojas volaban, las pequeñas ramas secas chocaban contra los cuerpos del grupo de amigos de Selegna y todo ello les impedía ver nada, pero sí pudieron oír una bella canción, igual que cuando apareció la dama del viento sobre la colina.

Todos supieron, en esos momentos, que nunca más la volverían a ver. Aquella canción hablaba de su soledad y desesperación. Era su adiós... ¡Aquello era demasiado fuerte para asimilarlo! Fue entonces cuando Olós... despertó agitado y empapado en sudor.
Todo había sido un mal sueño, una terrible pesadilla.
Se levantó, eran sólo las seis y media de la mañana, pero no podía esperar. Fue a ver a su pequeña, ella dormía profundamente y era demasiado temprano para llevársela a su vecina más próxima para que la cuidara, como hacía en otras ocasiones, por un rato. Así que llamó a su perro mastín blanco de diez años, al que gustaba recibir la compañía de los niños y en especial la de la pequeña hija de Olós. Éste animal le había sacado ya de más de un apuro y confiaba plenamente en él, es por eso que le confiaba circunstancialmente el cuidado de la niña mientras él se ausentaba. Y sin más, salió y se fue hacia la casa de Selegna. Hacía frío esa mañana, el invierno se hacía notar, al llegar a la cabaña pudo ver que la puerta estaba abierta, entonces le vino a la mente lo que había soñado la pasada noche... Tenía temor a no encontrarla en su interior. Entró lentamente, y con cuidado por si ella dormía, o quizás... ¡no!, no quería pensar que algo malo la habría pasado, no quería tener que llamar a sus amigos –como en el sueño- para adentrarse en el bosque a buscarla, eso supondría quizás no volverla a ver, y eso..., eso sería una terrible realidad.
Al entrar en la primera estancia de la cabaña, se sorprendió al ver allí a Ogima que le recibió con un relincho, dando muestras de agitación, pero Selegna... no estaba. ya con paso más presuroso, Olós se adentró a la cocina y tampoco allí estaba. Su corazón galopaba, por último abrió la puerta del dormitorio y la encontró tumbada en su cama, inmóvil, vestida, peinada y con el calzado puesto, estaba echada sobre sus blancas sábanas. Él se acercó, entre temeroso y ansioso, y le tocó la frente. Ella no reaccionaba, estaba fría y respiraba con dificultad. Entonces Olós se apresuró a tomarle el pulso y a preguntarle cómo se encontraba, qué la dolía, qué la pasaba... Ella balbuceó algo que él no pudo entender. No lo pensó más y cogió una manta que había doblada sobre una butaca, la envolvió en ella, luego la tomó en sus brazos y cargó con ella en sus brazos hasta el pueblo. Ogima les seguía. La llevó sin pausa hasta la casa del doctor y después de hacerla un reconocimiento completo, le diagnosticó una importante neumonía.

Con el cuidado de Olós y mucho reposo, pronto sanó del todo y él ya nunca más la dejaría volver a vivir sola. La propuso quedarse a vivir con él y la pequeña, la querría y cuidaría como si ella fuera su madre y abuela de la niña. Selegna aceptó encantada y recordó a aquel pequeño solitario que escuchaba muy atentamente sus cuentos e historias cuando era niño, pero hoy ya era un padre responsable de una hermosa criatura a la que ella adoptaría como nieta, y a la cual le transmitiría todos sus conocimientos como heredera única de su don. Tenía mucho que enseñarle, mucho que contarle, mucho que entregarle de sus conocimientos y fantasías.

Desde entonces la niña ya no se sintió sola nunca más, pues además de crecer junto a su padre, estaban también el fiel mastín, el caballo Ogima y... Selegna, “La dama del viento”.

(Para saber el verdadero significado de los nombres propios de este cuento, deberás leerlos de atrás hacia adelante, de este modo también sabrás el motivo de sus nombres... Quizás ya lo descubriste antes de llegar al final sin necesidad de esta aclaración, en ese caso mis felicitaciones y... házmelo saber.)

Geles Calderón
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28 de septiembre de 2009

"QUE NOS DEJEN SER" (soneto) autora: Geles Calderón



“QUE NOS DEJEN SER” (soneto) 
(Nº330) (06-05-04)

Que me dejen correr hasta tus brazos,
porque si el frío calase mis huesos...
que sea porque nevó sobre ellos
y no porque rompieron nuestros lazos.

Que nos dejen vivir nuestro momento,
porque añoro concierto de caricias
que sin reclamar siempre me propicias
sin importar cuál sea el aposento.

La laguna de tu piel es a mi sed
como la luz del Sol, a la flor lo es,
por eso reclamo, que nos dejen ser.

Qué puede haber de mal en nuestro querer
si a nadie resto, lo que a tí te entregué:
¡Alma envuelta en papel de nueva fe!





Geles Calderón 


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27 de septiembre de 2009

"RÓBAME EL RECUERDO" autora: Geles Calderón



“RÓBAME EL RECUERDO”
 (Nº 134) (04-09-02)

Róbame el recuerdo que sembraste,
róbame el aliento que me diste
ya que tú, amarme no supiste,
ya que tú tan pronto me olvidaste.

De mis ansias de amor abusaste
tomando de mí cuanto pudiste,
y es que en tu ceguera tú no viste
que a la que más te amó no la amaste.


Geles Calderón
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"DAME UN POCO DE TIEMPO" autora: Geles Calderón




“DAME UN POCO DE TIEMPO” 
(Nº040) (04-11-03)

Dame un poco de tiempo
y te apuraré en este último trago,
trago de un vino dulce
para este paladar amargo.
Sólo un poco de tiempo
que ya me marcho...
y ahogaré en este último sorbo
otro sueño no realizado.

Dame un poco de tiempo,
que entré tan dentro de tu alma...
que perdida ahora me hallo,
pero tranquilo, que ya me marcho.
Sólo un poco de tiempo...
que tu perdón hoy reclamo
por colarme sin permiso tan dentro
de tu corazón, sin rechazo.

Dame un poco de tiempo,
que ya quiero matar lo que siento,
pero muero un poco en esta lucha
porque el sentir me hace desgarros.
Dame un poco de tiempo
y regálame un último abrazo
para cerrar estas heridas
de mi lucha... ¡porque me marcho!

Sólo un poco de tiempo
es lo que hoy reclamo,
que mi penitencia ya la comencé
y fuera es dónde la acabo.
Dame un poco de tiempo,
que escalo de este fondo tuyo tan hondo
por el que sin permiso me deslicé,
y tranquilo, ¡que ya me marcho!

Un poco de tiempo, eso fue lo que te tuve.
Llegaste, te vi... te abracé...
¡y me marcho!
Dame un poco de tiempo,
que prefiero marchar yo
de este nido desolado...
¡a que yo te vea partir de mi lado!

Dame un poco de tiempo
para perderme en tus ojos otra vez,
que después de hacerlo yo sabré
si de verdad deseas no volverme a ver.
Dame un poco de tiempo,
que estoy tus palabras recordando:
Si tu te vas... yo me marcho”,
ahora sigues... aunque yo me esté marchando.



Geles Calderón

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26 de septiembre de 2009

"RETROCESIÓN" (sueño) autora: Geles Calderón




“RETROCESIÓN” (sueño)(Nº566) (01-01-09)

Estoy en el interior de un teatro acompañada de algunos amigos, justo en la estancia anterior a la sala de butacas. Estas personas con las que llegué, están ocupadas en alguna charla banal que a mi no me interesa, al fin y al cabo estábamos en un teatro, por lo tanto, pienso, deberíamos ir yendo a buscar asiento antes de que empiece la función, pero eso para ellos no era importante.

Me separo del grupo sin decir nada, y entro a la sala de butacas. Busco con la mirada un asiento libre en las primeras filas, pero estaba todo ocupado. Había bastantes butacas vacías a partir del centro de la sala y últimas filas, pero estaban demasiado alejadas, para mi gusto o necesidad, de las que yo quería ocupar, para no perderme nada del espectáculo que no tardando iba a empezar.
Entonces, me hago estas interrogantes: “¿Espero allí de pie, a ver si alguna persona de las sentadas se levanta y se va? ¿Y si esta posibilidad no sucede y, mientras tanto, me quedo también sin asiento en las filas más alejadas de las primeras? ¿Sigo esperando, o me siento en alguna butaca de las filas de atrás?” Pero entonces, no veré el espectáculo desde cerca ¡y me perderé los detalles!
Por otra parte, pienso, que estoy tomando decisiones sola, sin consultar con las personas que, supuestamente, vine acompañada a ese lugar…
¡No puedo quedarme en la sala sola…! pero la función va a empezar, y mis amigos no entran, siguen allí fuera hablando, el espectáculo va a empezar, por cierto, no sé de qué va la función pero… ¡da igual! ¡La función va a empezar!

En esa angustia de si me quedo o no me quedo, y si decido quedarme allí sola, ¿espero cerca de las primeras filas a ver si algún asiento queda libre para ocuparlo yo? No, eso era una posibilidad muy remota, era inútil esperar algo así. Entonces, ¿elijo alguna fila de atrás?, la función va a empezar… ¿Y mis amigos?

De pronto siento una mano sobre mi hombro, giro mi cabeza y veo a un mago famoso, joven, de esos que salen en la televisión...
Este hombre me agarra del brazo y tira de mi a la vez que me dice: -“Vamos, no hay tiempo, es tarde, el espectáculo tiene que empezar y hay cosas por hacer”
Yo le sigo, o más bien él me lleva. Entramos por una puerta lateral que se medio ocultaba tras los cortinajes del pre-escenario, era una entrada que sólo los que trabajaban allí usaban y que a mi vista antes pasó desapercibida.

La directora, folios en mano, nos gritó: -“Es tarde, entre ahí, pero ¡que no se le vean los pies!, es muy importante ¡que no se le vean los pies!”
Entro en el cubículo que me indica, similar a un ascensor, sin rincones y muy acolchado por dentro. Su forma era circular y muy cómodo; la abertura por la que entré era oval, sin puerta pero que se cerró tras de mí a mi entrada; el interior era ajustado e irregular, pero me sentía cómoda.
Lo primero que sentí fue un desplazamiento en sentido horizontal hacia atrás, hacia mi espalda, para inmediatamente después sentir que subía hacia arriba como si en un ascensor estuviera, pero la subida no fue prolongada, (como otras veces cuando subí a un ascensor, soñé), enseguida supe “que llegué”.

La prueba estaba superada. Había sido un éxito, lo sabía, todo iba a salir bien, la función iba a comenzar y el famoso mago, de pocas palabras, tendría éxito… ¿gracias a que le ayudé? No lo sé, pero yo estaba allí cuando me necesitó… o… ¿yo le necesité?


(desperté)

Geles Calderón
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25 de septiembre de 2009

"SANGRE GRIS" autora: Geles Calderón



“SANGRE GRIS”(Nº 593) (05-08-09)

Ya no aspiro ni siquiera a divertirme, sólo ansío descansar allá donde mi corazón me lleve, a ser posible: un lugar donde un día se sintió en su hogar. Pero no es tiempo de desandar camino, pues todo lo que en su recorrido perdí... perdido está; y todo lo que hallé y no retuve ya es pasado, por lo tanto, muerto y desaparecido se halla ya.
Lágrimas ausentes. Antiguos cauces por donde ya nunca sus aguas dulces volverán a circular.

Duelen los ojos de ver tanta soledad, y arden los oídos de oír tanto silencio helado.

Desandar el camino de la ilusión, es un trayecto durísimo que tengo memorizado:
- Mirarse en el espejo de la vulnerabilidad con las pupilas dilatadas por falta de llanto... y dibujarse una sonrisa de falsa felicidad.
- Caminar en línea recta cincuenta y ocho pasos hasta lograr la invisibilidad del dolor, para que nadie se entere.
- Cruzar el ancho río de la nada diaria.
- Girar a la derecha y adelantarse en la cueva de mi palabra escrita, como fuga.

Pero... ¿y si ya no me quedan palabras? Y para qué, ¿acaso a alguien le importa mi motivo, mi verdad?
Mis letras son sangre gris de mi otra arteria, la de mi yo más auténtico y desconocido al que casi nadie logró llegar.
Todos viven en su yo imbuidos, poco les importa lo que yo haya vivido y desvivido; disfrutado o padecido; la razón de mis actos y lamentos; la causa de mis ojeras y silencios; el motivo de mis suspiros...

Geles Calderón
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"EL QUEJIDO" (relato corto) autora: Geles Calderón






“EL QUEJIDO”
(relato)(Nº591) (04-08-09)

Sus pasos transcurrían firmes por la ancha avenida, cruzándose con otras gentes plenas de indiferencia.
Mientras caminaba, oyó un quejido tenue, pero que iba agudizándose provocando inseguridad en la dirección de su caminar, pues no sabía si regresar sobre sus pasos, o si parar o acelerar.
Aquel grito iba multiplicándose hasta convertirse en lamento largo y desgarrador. No sabía de dónde provenía, nadie parecía oírlo.
Buscó sin saber qué, con la mirada a su alrededor.
Se detuvo, cerró los párpados para concentrarse y así asegurarse de que aquel terrible lamento no era fruto de su imaginación.
No, no era ficción. Aquel grito apocalíptico nacía del centro de su alma, atravesándole el corazón.



Geles Calderón

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22 de septiembre de 2009

"LIBRO EN BLANCO" (sueño) autora: Geles Calderón






“LIBRO EN BLANCO” (sueño)(Nº506) (25-08-08)
El sueño:
"Mis manos sostienen un grueso libro. Paso las páginas con angustiosa rapidez.
Busco..., están vacías... en blanco. Tan solo alguna frase sin interés en el centro...
¿Cómo es posible? ¿De qué sirve un libro en blanco?"
. . . . . .
Despierto agitada. Noche cerrada. Me asomo al ventanal tratando de olvidar lo soñado.

Tarda en abrirse el día. Las esquinas de mi calle -luz y sombra- visten y desnudan los versos que nacen y mueren en el doblez de su pliegue. Versos para un poema sin sentido, poema para un olvido.

Casa la mía de sosiegos ajenos, donde la dueña es huésped, y el invitado es dueño. Luz que viene de fuera, donde antes la de dentro era la que iluminaba mis techos, siendo la que me sobraba, para las tristes aceras, ausentes de reflejos.

Ahora que siento las noches aún más largas y las madrugadas más lentas y solitarias, es cuando escribo esta y otras cartas sin destino, que después guardo para que no las vea mi sentimiento ya bastante herido por quien escribía sin culpa ni dolor, en su contenido.
No soy inmortal, ni imperturbable, como lo es la ciudad que, te pase lo que te pase, sigue ahí con su vida, con sus prisas, con su indiferencia hacia el mortal.

-Fármaco que calma pero no cura, aunque a veces ayuda a combatir desvelos de abrazos lejanos u olvidados: ¡Hoy ni tú me has calmado!-
El cielo está estrellado, es verano, pronto llegarán los cielos de otoño con sus efímeras hojas heridas, que arrastradas por el viento, de nuevo entrarán en mi estancia de puertas siempre abiertas. Y yo, con suavidad, volveré a barrerlas hacia la calle de donde vinieron como cada año. Y la lluvia volverá a acharolar el asfalto en mis noches venideras de más noches en blanco.

Ahora regresa a mi mente el sueño que me despertó... ¿Su significado? Está claro, ese lo sé muy bien yo. Veo mi pasado entumecido por una niebla parecida a un llanto contenido.
Huésped en mi propia vida...
¿A quién pertenezco? ¿Quién me pertenece? Y si salgo de nuevo a la intemperie: ¿quién me asegura que esta vez no voy a morir, como antes casi morí?

Me pregunto si ésta que escribe hoy así es la misma persona que pensaba que en un beso cabe un mundo, y que un abrazo cura... y que una palabra a destiempo mata, y otra a tiempo salva.

Yo: Antología minúscula de remoto proyecto de mi. Alba de melodías, ternuras, aflicciones, inconclusas pasiones, avenida de internos seísmos; la que renace de cada muerte; la que gana aunque pierda; la que perdona cuando no debiera; la justiciera; la que detesta a quien siempre se cree en posesión de la verdad, porque es el que más se equivoca; a los cobardes vomitivos abusadores de débiles; a las amistades tóxicas, en resúmen.
La que siempre tiene un “por qué” en los labios y un “te quiero” en el abrazo...

Yo: La del dolor y la alegría; la testaruda y un poco predictiva...
La que ríe a carcajada abierta y llora sin importar dónde ni con quien estuviera.
La que detesta a los ruidosos.
La que llora ante una puesta de sol o una fotografía.
La de fácil comunicación con animales; la poco temerosa y siempre abierta a conocer.
Yo, la nada amiga de grandes celebraciones...
¿Defectos?, tengo muchos, pero esos no los desvelaré porque lo que para mi lo es, para otro de diferente manera lo puede ver.

Un poco así soy, pero entonces: ¿por qué este vacío en mí? Y siendo así: ¿qué hacer? No soy cobarde, lo sé, y quien me conoce también. Lo he demostrado aquí y allí desde que nací. Es la responsabilidad tatuada a sangre y fuego que desde mi niñez aprendí. Unos ojos, el poder de una mirada... Lugar donde me doy y pierdo, porque en mí se lee como en libro abierto. -Me estremezco, me ruborizo, me inquieto...- Ojos, donde en los demás yo tambien leo.
¿Dije “libro abierto”...? Ese libro del sueño..., ese libro en blanco...

Amanece, otra noche más sin pena ni gloria, otro amanecer conmigo misma como única acompañante e interlocutora..., como mi única amiga. El dolor es un hecho, la alegría por vivir, otro para mí. Compatibles y opuestos, pero imprescindibles, junto con el amor, para valorar mis motivos de existir.

El alumbrado de las farolas ciegan ya su luz, amanece sin remedio... Ahora recuerdo que Leonardo Da Vinci dijo algo así: “Si fuese posible, se debería hacer reír a los muertos.” -¡Cómo me gustaría hacer reír a mi padre!-.

Me voy a la ducha, necesito dejar mi mente limpia... ¡y "en blanco"!


Geles Calderón

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"¡ÁMAME O VETE!" autora: Geles Calderón



“ÁMAME O VETE”
(Nº281) (16-09-03)

¡Desgárrame el alma,
que es la que te amó!
¡Arráncame la piel,
que ayer tu sed sació!

¡Párteme en dos para
multiplicar mi dolor!
¡Bébete mi sangre,
la que por mis venas te llevó!

¡Ámame o vete, por Dios!
Pues muero si no te tengo
y cuando te tengo...
¡De la dicha muero yo!


Geles Calderón
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"PIDO PERDÓN..." autora: Geles Calderón





“PIDO PERDÓN...”(poema inacabado)


Pido perdón...
Por haber sido agua clara en tu surco sediento.
Por ser en tu triste florero, flor de otro tiempo.
Por robar tu amargura, para que estés contento.

Pido perdón...
Por entregarte alma y cuerpo, como almohada.
Por creerme tu media verdad, cuando te amaba.
Por la tristeza que ahora habita en mi mirada.

Pido perdón...
Por dejarte ir, mientras por dentro me destrozo.
Por ser yo mi propio verdugo, y tú mi antojo.
Por despreciar mi vida, si en ella no te gozo.

Pido perdón...
Por entregarte un día, mi primera rendición;
y hacer míos tus sueños, y abrirte mi corazón...
y no poder igualar mi dolor... ¡a tu traición!


Geles Calderón



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