"YO PARA TÍ, PARA MÍ TÚ" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"¡QUÉ IMPORTA!" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"SONETO DEL AÑIL RECUERDO" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"NO ME IMPORTAS" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"¡QUIÉN SABE!" - Poema de Geles Calderón - voz: Bea Salas

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27 de octubre de 2009

"GELES HA APRENDIDO..." autora: G. Calderón


“GELES HA APRENDIDO...”
(Nº 191) (20-03-02)

* He aprendido que amor correspondido es vivir un sueño elegido.
* He aprendido que sólo hay un paso del querer al amar y que por tanto, hay veces que no sabes bien en que lado estás.
* He aprendido que una cosa es amistad y otra confianza, pero que la primera no puede existir sin la segunda.
* He aprendido que un sentimiento sin ser expresado a quién lo inspira, carece de oportunidad de ser abrazado.
* He aprendido que la ternura no se aprende, se tiene o no se tiene.
* He aprendido que ser uno mismo es tu mejor tarjeta de visita.
* He aprendido que la edad poco tiene que ver con el calendario.
* He aprendido a valorar a los otros por lo que son y no por lo que aparentan ser.
* He aprendido que hacer pequeñas locuras, a veces son el salvavidas del ahogo de la monotonía.
* He aprendido que como tú te quieres, nadie te querrá y que tú puedes ser tu peor enemigo. Por eso... ¡llévate bien contigo!
* He aprendido que cuando la soledad aprieta, el recuerdo ahoga.
* He aprendido a sacar fuerzas de flaqueza para llegar a una meta.
* He aprendido que la pasión no desaparece con la edad, solo cambia de ser que la inspira.
* He aprendido a entregar sin esperar recibir, a escuchar a quién tiene necesidad de decir.
* He aprendido a silenciar lo que puede herir.
* He aprendido a decir con la mirada lo que el habla no se atreve.
* He aprendido que cuando estas hundido, una frase de un desconocido que captó tu sentir, puede devolverte la vida.
* He aprendido que el mejor perdón es la comprensión.
* He aprendido que te puedes enamorar perdidamente de quién juraste, hasta ayer, no hacerlo jamás.
* He aprendido que llegar unos minutos tarde a una cita o unos minutos antes de lo que te esperaban, puede cambiar la trayectoria de tu vida afectiva o laboral.
* He aprendido que no hay nada más deseado que lo que nunca has tenido.
* He aprendido a ver con los ojos cerrados y a paladear unos acordes.
* He aprendido que contarte a ti mismo un cuento cada mañana para poder comenzar un nuevo día, no te ayudará a pasar del mediodía.
* He aprendido que mirando a los ojos del que te habla, escuchas muchas más palabras.
* He aprendido a decir NO cuando esperan un SI y a irme de una reunión en la que no me siento feliz.
* He aprendido a ser dialogante con el agresivo y paciente con el indeciso.
* He aprendido a perder el tiempo para ganar armonía.
* He aprendido a respirar también por cada poro de mi cuerpo, a estremecerme sin pudor si lo deseamos los dos...

…Y sé que no dejaré de aprender, porque aún habiendo aprendido tanto, recientemente aprendí:- Que palabras tardías sin hechos recientes, no escriben libro; ni el jardín de la ilusión reverdece, si por abandono lo dejaron secar y perece.
- Que el refranero es sabio cuando dice: “Hechos son amores y no buenas razones”.
- Que un “te amo” no son dos palabras, sino un sentir que cuando es cierto no te deja vivir.
- Que el que no siembra no recoge, a no ser que roben lo que otros labraron y esto en el querer… para el que descuidó, siempre es perder.
- Que perdonar demasiadas veces desgasta. Ahora que otros perdonen porque yo ya dije: ¡Basta!

Éstas son algunas cosas que aprendí, y aún así… ¡Nunca perderé la ilusión de vivir!


Geles Calderón

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24 de octubre de 2009

"AEROPUERTO TRISTE" (retrocediendo en el tiempo...) autora: Geles Calderón



“AEROPUERTO TRISTE”
(retrocediendo en el tiempo sin saber por qué, ¿o si?)(Nº 577) (02-05-09)

Recuerdo un aeropuerto triste
dónde un avión con algo mío partiría.
Un abrazo, un beso, un "te amo vida mía"…
y tras el cristal de la sala
mi triste mano alzada le despedía.
Pero de pronto intuí
que era nuestra última despedida,
y por lo tanto, el último adiós que me decía.

El avión despegó y yo allí quedé sola
como una maleta a la que su dueño olvidaría.
Y supe en ese momento
que su débil amor, el que por mí sentía…
¡se acurrucó en el vientre de su olvido
como un feto malogrado, al que nadie paría!

Él fue mi primer gran Amor,
el hombre con el que quise compartir mi vida.
El que elegí como padre de mis criaturas, si las tenía,
y al que amé… ¡como a pocos amaría!
Yo, inocente adolescente, ingenua niña
para alguien que, a diferencia de mi,
media vida recorrida tenía.

¡Le quise tanto! ¡Tanto le quería...!
Pero yo sólo era temprana flor
para un jardín de flores abiertas
ansiosas de recibir y darse con sabiduría.
Yo era sólo un “diamante en bruto”, como él me decía.
¡Era tan ingenua, tan soñadora…, tan niña!

Y así fue que, el día último de aquel año,
tres meses después de aquella breve despedida,
decidí rubricar aquel adiós con un:
“Año Nuevo, vida nueva. Adiós para siempre, vida mía”,
mientras dos lágrimas se me escapan
humedeciendo aquel folio en que me despedía
pleno aún de mi Amor… ¡porque aún le quería!



Geles Calderón


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19 de octubre de 2009

"SI FUE... YA NO ES" autora: Geles Calderón



“SI FUE... YA NO ES”(retazos de una vida)
(Nº 563) (10-03-09)


Infancia de roto cristal,
como un cuento repetido
de un trono desvanecido
en un palacio artificial.

Y en sus horas arrugadas,
sólo las lunas de carbón
lloran recuerdos de perdón
sobre estrellas enlutadas.

Paciencia de sed salada
por las miradas que no ven
las aguas sobre aquel papel,
y la varita sin hada.

Música lenta encendida
sobre la pulcra oscuridad,
mece sábanas de ansiedad
y belleza desvalida.

Ansiedades escurridas
sobre agua de su pena,
sangre caliente sin vena,
atardecer de partida.

Ir sin saber dónde iba...
ocultaba los encuentros,
cuando fue miles sin cientos
y boca de dos salivas.

Su azul mirada imposible
-siempre presente en su mente-,
dicta error aunque no miente,
confundiendo lo entendible.

Fueron gargantas añejas
plenas de cielos pálidos,
que entre ojos impávidos
mueren de añoranzas viejas.

Siendo cisne para un lobo
-muñeca rota ocasional-,
el predestinado final...
¡los ahogó en su propio lodo!



Geles Calderón

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16 de octubre de 2009

"DESPEDIDA AMARGA" autora: Geles Calderón



“DESPEDIDA AMARGA”
(Nº 049) (09-11-02)

Desde mi tristeza y mi dolor,
desde mi agradecimiento
por lo que me has dado,
desde mi eterno cariño...
¡te pido perdón!
Perdón por lo que, sin saber,
te he dañado.
Pido perdón por quererte
y no haber sabido expresarlo.
Pido perdón por ser como soy,
pido perdón por existir...
y pido perdón por si un día
me voy con mi angustia
caminando por el asfalto.

¿Qué puedo hacer...
si siendo como soy te hago daño?

Ya me estoy marchando,
pero cuando yo estaba...
no había venganza,
éramos dos amigos soñando.
Ahora finjo una sonrisa
cuando de ti me están hablando.
Ahora ya nada importa,
éramos amigos y ahora...
¡nos estamos marchando!

Si quisieras tocar mi mano
advertirías que estoy temblando,
sólo el roce de mi mano y sabrías...
que quizás te estoy amando.
Pero eres mi amigo
y a un amigo... ¡se le ama callando!

Me consuela saber
que aún tengo guardado
el tesoro de nuestros sueños,
de esos viajes inventados;
de que al alzar tu mirada en la noche,
un día sin poder evitarlo…
veas de nuevo un antiguo rostro
en tu estrella polar reflejado,
que desde su brillo te sonríe
sin importar el tiempo pasado.

Desde mi alma de fuego
salían llamaradas
si leía tu nombre...
si tú me nombrabas.
Eras mi lucero primero,
y mi primera luz del alba.
Pero tú no apreciaste
lo que yo te daba,
sólo nos herimos con tercas palabras,
impotentes los dos
por lo que el corazón albergaba.
pero el que ahora dice que me amaba,
entonces… ¡callaba!

Eras mi amigo,
y a los amigos no se les ama.
¡Pero tú me amabas y yo lo ignoraba!

Hoy me tragué sola mis lágrimas,
por tu ausencia...
y porque de mi te alejabas.
Yo seguiré fingiendo una sonrisa
cuando de ti alguien me habla;
pero si un día miras dentro de ti
y ves que una sombra corre y escapa,
si notas una presencia sin rostro,
un “algo” que por dentro
busca un lugar donde acurrucarse
y escapar de tu mirada...
piensa en un alma asustada
que quizás aún te ama…
¡y ahora es ella la que calla!

Dices que ahora eres feliz,
eso cuentas a los que hablas
pero te engañas,
porque olvidas que,
sólo hace unas horas
llorando gritabas...
¡Que me amabas!


Geles Calderón

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6 de octubre de 2009

"SOLILOQUIO" autora: Geles Calderón



“SOLILOQUIO”

¡Basta de silencio!, la cabeza me bulle...,
mato, muero, vivo, duermo, despierto,
sueño, grito, salgo y entro, caigo y vuelo,
sudo, respiro, lucho y me enfrento.
¿dónde estoy?
¿por qué no me veo?
no me toco... ¿existo?, ¿me elevo?,
o acaso... ¡vuelo!,
¿Una copa?, no, no bebo...,
soy un regalo, recibo un desprecio,
camino con ojos cerrados, te veo y no estás,
camino por las nubes,
yo no soy... pero me grito,
te señalo, ¿dónde estás?
no existe lo absurdo, soy yo...,
¿no me comprendes?, es porque no respiras,
desnudo mi alma frente a ti,
lloro, pero es por mi, no te apenes...,
¡sé tú!, olvida aquella sombra, inspira,
no importa el antes,
revuélcate sobre la tierra,
te espera desde hace siglos,
huélela, aráñala, lámela,
es lo más antiguo bajo tus pies,
es lo más vivo, lo más natural,
lo más necesario para cada ser y tu caudal,
valora cada mota de polvo, cada rayo de luz
o cada sombra que ella provoca o provocas tú,
tócate, huélete, explórate, conócete,
pero sobre todo: ¡quiérete!,
nadie lo hará como lo haces tú,
¿qué no te quieres? entonces estás perdido,
sólo existes atrapado en la maraña que tejiste
sin saber que creabas tu propia tumba antes de morir,
antes de que te lloren -si te lloran-
cuando tu cuerpo empiece a pudrirse,
pero aún lates,
bombea ese órgano -a veces maldito-
que yace dentro de tu pecho,
óyelo, siéntelo, se acelera,
se hace notar, te llama,
tiene vida propia,
¡qué “sin sentido” es decir esto!
porque sin él... tú estás perdido,
sin encuentro.
Alza tus brazos al Universo,
toca lo infinito con tu imaginación,
salta, corre con todas tus fuerzas
detrás de tu sombra
para que no te arrebate el segundo puesto,
¿el primero? ¿quién quiere ser el primero?,
es una equivocación,
siempre es útil la sombra del predecesor
para cobijarse de la excesiva luz o calor,
sal al encuentro de semejantes
sin mirar procedencia, formas,
color, idiomas, o si son o no constantes,
date, ábrete, ríe si quieres, abraza si sientes,
confiésate -si pecaste- al culpable de tu pecado,
pero ¡nunca a un confesor!,
y cuando llegue tu día final,
si eres consciente de ello...
dile a quien más te ame de los vivos:
“Si ves al amanecer, dile que no me espere”,
y después ya te puedes ir al nunca jamás en paz,
porque nada debes en el mundo de los llamados “vivos”,
ya que la vida te la llevas contigo,
porque lo demás... ¡no importa a los muertos!

(Para ver el video, detén la música de la portada, gracias)




Geles Calderón
(Nº 492) (04-03-08)
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1 de octubre de 2009

"LA NIÑA DE LA SONRISA TRISTE" (cuento) autora: Geles Calderón




“LA NIÑA DE LA SONRISA TRISTE”
(cuento) (Nº 490) (año 2001)

Era víspera de Reyes, la pequeña estaba inquieta por saber lo que le traería su rey mago Baltasar. Era el “rey negrito”, así decía ella. La niña pensaba que por ser de ese color, nadie le escribiría cartas, así que, desde un principio, ella quiso que el rey negrito fuera el que le trajera su regalo.

Era noche fría y oscura. La mamá de la niña se apresuraba a recoger los últimos cacharros de la vajilla en la cocina. -Había que dejarlo todo muy limpio antes de que llegaran los Reyes Magos, le decía a su hijita, porque si lo ven todo desordenado o sucio pasarán de largo y no dejarán tu regalo.
La pequeña escuchaba con los ojos muy abiertos lo que le decía su madre, y sin dejarla acabar de hablar, se apresuró a guardar en el cajón la servilleta, después cogió la caja de galletas y la quiso meter en el mueble pero estaba demasiado alto..., corrió a por un taburete, se subió en él con la caja entre sus pequeños brazos y con mucha dificultad, la colocó en su sitio, y dijo: -Ya está, mamá, ya está todo guardado y Baltasar no se olvidará de mi regalo”. La mamá hizo una mueca que la niña no pudo apreciar, pero que anunciaba algo difícil de pronosticar...

El viento soplaba fuerte esa noche, y por las rendijas de las ventanas se filtraba un hilo de aire frío que hacía moverse suavemente las finas cortinas.
La niña y su madre, cogidas de la mano, se dirigieron hacia su dormitorio. Desde que murió el padre, siempre duermen juntas en la misma cama que antes fue del matrimonio.

Ya era medianoche, la niña cayó rendida de sueño y durmió plácidamente, no sin antes dejar sus únicos y viejos zapatos, bien limpios, a los pies de la cama.

Fuera, el viento cada vez soplaba más y más fuerte, pero eso ya sólo lo oía su madre que no podía dormir. Era la primera noche de reyes sin su marido, y no tenía dinero para comprar nada a su hija...
No podía dormir y el tiempo pasaba... Tenía que pensar, pensar...

Afuera se oían las desnudas ramas de los árboles más cercanos batirse entre ellas.
Las horas de aquella madrugada pasaban con sensación de lentitud. La madre pensaba... pensaba.

De pronto, escuchó un ruido en la cocina, un ruido poco común. No era el viento, no eran los árboles, era un sonido diferente... ¿Qué era aquel ruidito? No esperó más, se levantó despacio para no despertar a la pequeña, encendió una linterna que siempre tenía en la mesilla y se acercó descalza, a pasitos cortos pero firmes, hacia la cocina, lugar de donde procedía el ruido que la distrajo de su pensamientos y que era como si alguien estuviera rascando algo, era como si..., ¡eso era!, se oía “roer”. Enseguida comprendió, allí estaba, era un pequeño ratoncito que en un extremo de la cocina, al resguardo de una caja de cartón, estaba muy confiado comiendo un trocito de pan duro que no se sabe como fue a parar ahí.
La madre quedó un momento observando aquella escena con una leve sonrisa de ternura en su rostro.
De pronto, se le pasó por la cabeza algo que podría llevar la felicidad a la pequeña si actuaba con rapidez y destreza. Atraparía aquel pequeño roedor para su hija... Ese sería el regalo del “rey negrito”.

La niña, desde que murió su papá, había perdido la sonrisa. Era una pequeña de cuatro años, muy triste... No quería jugar con nadie, y siempre estaba junto a su madre, no se separaba de ella nunca. Era como si temiera perderla también. Si, eso era, temía quedarse sola en este mundo y eso la aterraba.
La pequeña no había vuelto a reír.
Así que estaba decidido, había que atrapar al ratón como fuera, pensó la madre.
Se adentró sigilosamente en la cocina, cerró la puerta tras de ella, apagó la linterna y con un pequeñísimo haz de luz de luna que se filtraba por la ventana, pudo ver exactamente donde y cómo atrapar al pequeño ratoncito. Sólo tenía que volcar la caja vacía de cartón sobre el animalito. Así lo hizo, y con tanta rapidez, que no tuvo necesidad de andar corriendo por la estancia tras el roedor... ¡ya lo tenía!
La niña de la sonrisa triste tendría su regalo de reyes.

Amaneció. La pequeña despertó y... comprobó que Baltasar la visitó como había hecho cada año, pero esta vez la había dejado el mejor de los regalos: Un “amigo” con quien compartir tanta ausencia. Un ser vivo, pequeño y delicado como ella, al que cuidaría con todo el amor que guardaba en su corazón la pequeña niña.

La mamá también recibió un gran regalo: El semblante de su hija que reía... después de casi un año sin volverlo a hacer, desde la muerte de su padre.

Ese fue el mejor de los regalos que aquella madre recibió ese mismo día en que su niña de nuevo rió.

Geles Calderón
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"MUERTE" autora: Geles Calderón



“MUERTE”(Nº298) (05-12-03)

Brama la herradura de mi existencia
desgarrando las rutas de mi carne,
taponando circuitos de mi sangre,
robándome la vida sin clemencia.

Me enfrento a tí, oscuridad y daga,
con corazón valiente y abatido
en siniestra hora del alarido,
viscosa sombra que todo lo apaga.

El último respiro ya se acaba,
y en él crezco, y revivo lo amado,
pues crece el relieve de lo gozado...
¡y río mi última carcajada!

Geles Calderón

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"SUEÑO CON..." autora: Geles Calderón



“SUEÑO CON...”(Nº 582) (15-05-09)

Sueño con unas manos calientes
que compasivas cubran las mías
frías como el témpano,
desnudas de compañía.
Y que una voz comprensiva
a mi oído le rece un día
que soy más que su salvación:
¡la luz que precisaba y no tenía!
Sueño con un alma que, como la mía,
detecte y desprecie a expendedores
de la tan rentable hipocresía,
pábulo de lo vulgar e invidente de la valía.
Y unos ojos que, sin hablar, me digan
lo que los labios, a decir, no se atrevían
ignorando que quizás los míos
ya susurraban lo que gritar querían.

Sueño con un soñador
que sueñe un soñar permanente,
dónde precise una soñadora
que comparta su ensueño eternamente.
Sólo aspiro a encontrar la mitad de mi alma
que por algún barranco debió caer un día.
No me digáis que ha muerto, por Dios,
mentidme, porque sin esperanza... ¡moriría!


Geles Calderón

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