
“SANGRE GRIS”(Nº 593) (05-08-09)
Ya no aspiro ni siquiera a divertirme, sólo ansío descansar allá donde mi corazón me lleve, a ser posible: un lugar donde un día se sintió en su hogar. Pero no es tiempo de desandar camino, pues todo lo que en su recorrido perdí... perdido está; y todo lo que hallé y no retuve ya es pasado, por lo tanto, muerto y desaparecido se halla ya.
Lágrimas ausentes. Antiguos cauces por donde ya nunca sus aguas dulces volverán a circular.
Duelen los ojos de ver tanta soledad, y arden los oídos de oír tanto silencio helado.
Desandar el camino de la ilusión, es un trayecto durísimo que tengo memorizado:
- Mirarse en el espejo de la vulnerabilidad con las pupilas dilatadas por falta de llanto... y dibujarse una sonrisa de falsa felicidad.
- Caminar en línea recta cincuenta y ocho pasos hasta lograr la invisibilidad del dolor, para que nadie se entere.
- Cruzar el ancho río de la nada diaria.
- Girar a la derecha y adelantarse en la cueva de mi palabra escrita, como fuga.
Pero... ¿y si ya no me quedan palabras? Y para qué, ¿acaso a alguien le importa mi motivo, mi verdad?
Mis letras son sangre gris de mi otra arteria, la de mi yo más auténtico y desconocido al que casi nadie logró llegar.
Todos viven en su yo imbuidos, poco les importa lo que yo haya vivido y desvivido; disfrutado o padecido; la razón de mis actos y lamentos; la causa de mis ojeras y silencios; el motivo de mis suspiros...
Ya no aspiro ni siquiera a divertirme, sólo ansío descansar allá donde mi corazón me lleve, a ser posible: un lugar donde un día se sintió en su hogar. Pero no es tiempo de desandar camino, pues todo lo que en su recorrido perdí... perdido está; y todo lo que hallé y no retuve ya es pasado, por lo tanto, muerto y desaparecido se halla ya.
Lágrimas ausentes. Antiguos cauces por donde ya nunca sus aguas dulces volverán a circular.
Duelen los ojos de ver tanta soledad, y arden los oídos de oír tanto silencio helado.
Desandar el camino de la ilusión, es un trayecto durísimo que tengo memorizado:
- Mirarse en el espejo de la vulnerabilidad con las pupilas dilatadas por falta de llanto... y dibujarse una sonrisa de falsa felicidad.
- Caminar en línea recta cincuenta y ocho pasos hasta lograr la invisibilidad del dolor, para que nadie se entere.
- Cruzar el ancho río de la nada diaria.
- Girar a la derecha y adelantarse en la cueva de mi palabra escrita, como fuga.
Pero... ¿y si ya no me quedan palabras? Y para qué, ¿acaso a alguien le importa mi motivo, mi verdad?
Mis letras son sangre gris de mi otra arteria, la de mi yo más auténtico y desconocido al que casi nadie logró llegar.
Todos viven en su yo imbuidos, poco les importa lo que yo haya vivido y desvivido; disfrutado o padecido; la razón de mis actos y lamentos; la causa de mis ojeras y silencios; el motivo de mis suspiros...
Geles Calderón
Copyright©GelesCalderón Todos los derechos reservados
Muy profundo..y triste... siempre te pongo lo mismo, lo siento. Me gusta mucho, pero es muy triste.. y... a mí sí me importa....
ResponderEliminarEsta entrada duele mucho, Geles... Y no voy a decirte nada más sobre ella.
ResponderEliminarBesos para las dos.
hummmm....... este..., bueno...... yo no quise herir a nadie...... Lo siento mucho.....
ResponderEliminarHola Geli. Un placer leerte como siempre. Triste y profundo pero creo que hay cosas que sólo se pueden pintar con la luz de la verdad. Deseo que la ilusión vuelva a hacerte su prisionera porque siento que del otro lado de la noche todavía puede brillar el arcoiris. Un beso gigante.
ResponderEliminarGeli, espero que estes disfrutando de paz y concordia en estas tus vacaciones estivales y que a tu vuelta el recuerdo de este relato solo sea historia para olvidar.
ResponderEliminarDe nuevo Felices vacaciones.
jose.
Jose, ya volví de mis vacaciones.
ResponderEliminarDescansé, allá donde mi corazón me llevó...