
“AEROPUERTO TRISTE”
(retrocediendo en el tiempo sin saber por qué, ¿o si?)(Nº 577) (02-05-09)
Recuerdo un aeropuerto triste
dónde un avión con algo mío partiría.
Un abrazo, un beso, un "te amo vida mía"…
y tras el cristal de la sala
mi triste mano alzada le despedía.
Pero de pronto intuí
que era nuestra última despedida,
y por lo tanto, el último adiós que me decía.
El avión despegó y yo allí quedé sola
como una maleta a la que su dueño olvidaría.
Y supe en ese momento
que su débil amor, el que por mí sentía…
¡se acurrucó en el vientre de su olvido
como un feto malogrado, al que nadie paría!
Él fue mi primer gran Amor,
el hombre con el que quise compartir mi vida.
El que elegí como padre de mis criaturas, si las tenía,
y al que amé… ¡como a pocos amaría!
Yo, inocente adolescente, ingenua niña
para alguien que, a diferencia de mi,
media vida recorrida tenía.
¡Le quise tanto! ¡Tanto le quería...!
Pero yo sólo era temprana flor
para un jardín de flores abiertas
ansiosas de recibir y darse con sabiduría.
Yo era sólo un “diamante en bruto”, como él me decía.
¡Era tan ingenua, tan soñadora…, tan niña!
Y así fue que, el día último de aquel año,
tres meses después de aquella breve despedida,
decidí rubricar aquel adiós con un:
“Año Nuevo, vida nueva. Adiós para siempre, vida mía”,
mientras dos lágrimas se me escapan
humedeciendo aquel folio en que me despedía
pleno aún de mi Amor… ¡porque aún le quería!
(retrocediendo en el tiempo sin saber por qué, ¿o si?)(Nº 577) (02-05-09)
Recuerdo un aeropuerto triste
dónde un avión con algo mío partiría.
Un abrazo, un beso, un "te amo vida mía"…
y tras el cristal de la sala
mi triste mano alzada le despedía.
Pero de pronto intuí
que era nuestra última despedida,
y por lo tanto, el último adiós que me decía.
El avión despegó y yo allí quedé sola
como una maleta a la que su dueño olvidaría.
Y supe en ese momento
que su débil amor, el que por mí sentía…
¡se acurrucó en el vientre de su olvido
como un feto malogrado, al que nadie paría!
Él fue mi primer gran Amor,
el hombre con el que quise compartir mi vida.
El que elegí como padre de mis criaturas, si las tenía,
y al que amé… ¡como a pocos amaría!
Yo, inocente adolescente, ingenua niña
para alguien que, a diferencia de mi,
media vida recorrida tenía.
¡Le quise tanto! ¡Tanto le quería...!
Pero yo sólo era temprana flor
para un jardín de flores abiertas
ansiosas de recibir y darse con sabiduría.
Yo era sólo un “diamante en bruto”, como él me decía.
¡Era tan ingenua, tan soñadora…, tan niña!
Y así fue que, el día último de aquel año,
tres meses después de aquella breve despedida,
decidí rubricar aquel adiós con un:
“Año Nuevo, vida nueva. Adiós para siempre, vida mía”,
mientras dos lágrimas se me escapan
humedeciendo aquel folio en que me despedía
pleno aún de mi Amor… ¡porque aún le quería!
Una preciosa forma de relatarnos tu primer amor. Éste que jamás se olvida, que nos marca la piel del alma para siempre. Y que quizá, transcurridos 30 años, todavía tiene presencia en nuestra mente y nos hace preguntar qué habría sido de nuestra vida si las cosas no hubiesen terminado...
ResponderEliminarUn abrazo.
Montse
Montse, éste es un relato de una vivencia fielmente descrita. Necesitaba hacerlo y en Mayo lo escribí, pero mira por donde, en estos días, esta persona se puso en comunicación conmigo después de más de 35 años... La vida da muchas vueltas y saber qué fue de él me ha llenado de satisfación, sobre todo porque sé que vive, que ya es bastante!
ResponderEliminarGracias por llegarte hasta aqui.
Un abrazo.
Geles
Geles! Primer amor que jamás se olvida y más aún cuando se es adolescente con la referente de edad, una les forma altares y les edifica castillos..., amor que perdura por toda la vida.
ResponderEliminar¡AY! cuánto me identifico con tu versar y sensibilidad.
Un abrazo y mi admiración!
Altares para no dioses; castillos para inquilino de falsa corona..., certezas que conscientemente omitimos de nuestra mente para así seguir adorando lo que creímos tener, y que "si fue... ya no es".
ResponderEliminarSí! Él fue mi primer amor y, quizás por eso, el que más me marcó, y seguramente el más sincero que nunca sentí.
Anaconstela: Es bueno identificarse en las letras de otros para ayudar a vernos por dentro cuando la luz es escasa.
Gracias por tus palabras de admiración.
Otro abrazo para ti.
Geles
¡Buff! Cómo me ha recordado tu historia a una parte lejana de mi vida. Cambia un talgo por aquel avión y déjale el mismo sentimiento. Nunca se olvida eso, no. ¿Cómo, si no, hubieran nacido estos versos?
ResponderEliminarBesos.
Por lo que veo a todos nos has hecho recordar algo. Me ha encantado la forma de relatarlo. Volveré.
ResponderEliminarLa cita
ResponderEliminarCuando conoces a alguien
por primera vez
siempre te preguntas
¿cómo puedes ser?
Conozco la foto
que vi en internet
siempre es un misterio
la primera vez
se acerca la hora
observo mi piel
me encuentro nervioso
y no sé por qué
una cita a ciegas
de esas habrá cien
pero esta es contigo
sueño que soñé
no es una princesa
la que imaginé
es solo una amiga
solo una mujer
Hoy hemos quedado
a tomar café
un bonito encuentro
que cité a las tres
tengo algunas dudas
pero yo sé bien
que cuando te vea
ya no las tendré
te regalaré
un ramo de flores
una gran sonrisa
y un beso que al mes
seguirá pegado
donde te besé
tendrás el recuerdo
con el que firmé.
bonitos silencios
hasta que llegué
estoy más contento
que en el día de ayer
irradio alegría
y eso se ve
con mi paso firme
pasos de ciempiés
me acerca a tu lado
como o hace un pez
te diré unas frases
no llevo papel
y no oirás aquello
que yo me olvidé
Ya te he descubierto
conozco tu tez
tu voz encarnada
voz de amanecer
no me has sorprendido
y yo sé por qué
conozco tu alma
conozco tu sed
cuerpos que se abrazan
y no tienen red
música de fondo
que nunca escuché
escucho tus ojos
y lo que quieren ver
soy un soñador
todo lo soñé
qué preciosos sueños
los que me inventé
llámame esta tarde
y te contaré
así yo sabré
cómo son las citas
que yo te conté
Quedarás conmigo
a tomar el té
no importa el camino
porque yo iré en tren
como dos amigos
que nunca se ven
quizás lleve rosas
quizás un clavel
seré yo quien pague
hoy te invitaré
tú pondrás los dulces
yo pondré la miel
llegará la noche
y aún habrá pastel.
Máximo, ¿a tí también te hice recordar? será porque amamos y fuimos amados igual...
ResponderEliminarVen cuando quieras, si no me ves es que salí a comprar el pan.
Un abrazo.
Onminayas, una despida en la que intuyes que será la definitva, escuece una vida entera.
ResponderEliminarHoy lamento haber sido tan ingenua durante tanto tiempo en aquella época, porque pudiendo haberme comido una tarta entera... sólo rocé tímidamente con un dedo el borde de la bandeja donde aquel delicioso dulce reposaba.
¡Qué desperdicio de entonces...! ¡Qué comedida fui, y qué "hambre" pasaba!
Besos.
Al anonimo autor de LA CITA: ¡Bravo... bravísimo! Ritmo y contenido, me gusta tu estilo.
ResponderEliminarEspero verte por aqui de nuevo, eso sí: Por favor, firma tus entregas o date de alta para saber a quien me dirijo, los anónimos son muy impersonales... Gracias.
Geles
Creo que nadie está a salvo de estas situaciones, algunos ya las vivimos y los que aun no, deben hacerlo. Es como la escuela primaria, un paso obligatorio en la vida que te ayuda a crecer. Las grandes despedidas y los grandes encuentros son indispensables. Hermoso Geles.
ResponderEliminarBesos
Precioso poema, lleno de nostálgicos recuerdos. Si miramos hacia atrás, siempre dejaremos restos de piel en el camino. Besos
ResponderEliminarMercedes e Isabel
Tarde (cuatro años)... pero segura, aquí estoy agradeciendo vuestro paso por mi acantilado.
EliminarUn abrazo, Mercedes e Isabel.
Fher, tú lo has dicho: las grandes despedidas como los grandes encuentros, son ingredientes indispensable para el aderezo de una existencia completa.
ResponderEliminarGracias por tu calificativo, amigo.
Un abrazo.