Ella despertó con el frío calado en los huesos, con el
costado desamparado, con la caricia vacía y el ansia agitada por lo ansiado.
Silencio apuñalado, urdimbre de sombras tras las rejas del
olvido.
Una vez más, echaba en falta lo que nunca tuvo, presa de lo
que carecía y obligada por lo que poseía. Rehén de sí misma y de la libertad
que, prisionera, habitaba en su alma.
Toda ella era un museo de ecos y
sombras nunca resueltos por no debatidos.
Sus sienes latían, su corazón bombeaba vacío, porque la
sangre pareció estancarse en las laderas de alguna arteria dormida.
Quiso pronunciar algo, un nombre, una sola palabra de
reclamo para ser ayudada, pero que se ahogó en su garganta antes de hacerse
sonora, antes de ser pronunciada.
Sus ojos de niebla tejían lunas de desconcierto en un cielo
de desamparo en mitad de la silenciosa madrugada.
Despertó con el corazón en los huesos y el reloj de su vida
sin cuerda.
¡Cuánto escuece la vida, cuando fue desgarrada y
abandonada a su suerte!
"SI SUPIERAS..." (hoy, día 17 de Febrero, en tu memoria, amigo)
Si supieras... cuánto en mis poemas te hallas;
si supieras... cuánto de mi todo habitas;
si supieras... cuánto por mis venas transitas;
si supieras... cuánto me gustaría ir por donde hoy tú te
hayas…
Sin horizontes propios, el tiempo apretó sus
dientes contra la yugular de
nuestro reencuentro, desangrando nuestra
oportunidad, hasta producir su
fallecimiento.
si supieras... cuánto fue mi mucho en tu menos;
si supieras... cuánto estás en cada uno de mis versos;
si supieras... cuánto soñé con tu regreso;
si supieras... cuánto te amé… aunque estuvieras tan lejos.
Desangrado sueño de un jazmín que, por
amor al rosal, soñó ser rosa; vena que equivocó el
recorrido hacia la arteria
imprescindible que diera sentido de
su existencia.
Si supieras... que aunque ya no estés, siento tu sombra como
si estuvieras;
si supieras... que hoy te sé más que cuando gritaba que te
sabía;
si supieras... que eres el dedo que a mi gatillo porfía;
si supieras... que mi amor por ti, no murió aunque tú
murieras.
Resucitas cada mañana al despertar de mi
insomnio, negándome la desgana que desde tu marcha me
habita, resumiéndome un todo en lo que yo sólo veo
mi nada.
"¿QUÉ TIENE LA NIÑA?" ¿Qué tiene la niña que el rubor sonroja cuando en un punto fija su ausente mirada? ¿Qué siente cuando se estremece al oír pronunciar ese nombre..., el que siempre al oírlo la mece? Y en las noche de luna clara, ¿por qué corre entre las sombras esquivando las miradas? ¿A dónde va la niña con su blusa nueva, faldón de domingo y descalza? La niña desconfía, míra a un lado y otro..., se detiene, duda..., pero sigilosa reanuda su andar alegre y confiada.
¿Por qué corre la niña camino de la era en la madrugada? Son sus pasos silenciosos, esquivos, armoniosos y a veces sinuosos como queriendo ocultar una evidencia que delate que está enamorada.
Pasan las horas, no vuelve, la niña tarda... Ya despereza la luz del alba y la niña no regresa de la vereda por la que hace unas horas caminaba. Acaso..., ¡silencio!, escuchad..., ¿no oís? Alguien a lo lejos llora, ¿qué pasa?, ¿qué es lo que oigo? Ya la veo, es ella, pero... regresa con su blusa desgarrada, sucio y roto el faldón y si cabe... ¡aún más descalza!, su cabello enmarañado y su rostro... ¡Dios mío! ¿Qué le han hecho a la niña, que su llanto es de barro y sangre que conmueve y a la vez espanta?
Se tambalea, caminar no puede, han roto su armonía y destrozado el alma cuando gritó. ¡No!, ante la agresión y la amenaza. No quiere que la toquen, ni que la miren ni digan nada. Con las energías gastadas, alcanza a llegar a su puerta. Ya no grita, ya no llora ni habla. Casi no respira quien ayer ¡cantaba!
Entra en su casa, se despoja, con asco y arcadas, de su blusa desgarrada, y de un tirón se desprende del faldón que apenas la cubría lo que ayer bien tapaba. Cierra los ojos que la arden por las lágrimas derramadas, para no verse desnuda con las señales y residuos de su desgracia. La niña se mete en la tina, y con agua fría y cepillo de esparto, frota su piel maltrecha con rabia, dolor y constancia. Ya se enciende el sol, pero con él... a la niña se le apagó la sonrisa y la mirada. Ya nadie llama "Niña" a la que aquella madrugada hicieron mujer a la fuerza sin atender a un ¡no! que ella, una y otra, ¡gritara!
Ilusa mujer que soñó con una segunda oportunidad para nacer -
Autodidacta que utiliza la escritura y la pintura para completarse -
Defensora de causas perdidas (entre otros 'defectos') -
Fiel al corazón e infiel a la razón, que cambió el orden de los sustantivos en alguna equivocada ocasión -
Llena de nada de aquellos "todos", donde hubo muchos "cuándos" sin importar "dónde"...
- Muy agradecida a todos los que, al visitarme, me dediquen un instante de sus valiosas vidas para leerme y dejarme su impresión por escrito -