Quítame el fuego del alma
y el luto de mi boca,
amado de intangible silueta
y de distante sombra.
¿No ves que mis pechos dulces,
la espera ya no soportan?
¡Dame tu abrigo, tus sueños...
y tu zarpa acogedora!
No quiero besos de papel,
ni abrazos de sal para mi sed.
Quiero tus labios en mi boca...
¡y tu piel sobre mi piel!
Me encuentro junto a otras personas en una especie de plataforma con barandilla, desde donde puedo ver un enorme castillo de arena con torretas y ventanales, que se culmina a mi altura. A penas me separan dos o tres metros de su torre.
Abajo, la base que le rodea es de arena también. A unas decenas de metros del castillo el suelo cambia, de repente, a pedregoso.
En un impulso irrefrenable y convencida de la fortaleza de los cimientos y construcción del castillo, me subo a la barandilla y con un fuerte impulso, salto hacia la torre más alta. De pronto, el castillo se empieza a derrumbar. Yo lo percibo como si sucediera a cámara lenta: primero se derriba una parte de la torre, yo me tambaleo. Después se mueve la arena bajo mis pies y esto me confirmó que todo se vendría abajo sin remedio.
Doy un salto hacia arriba pero ya todo el castillo se mueve...
“-Bueno, se derrumba, pero caeré sobre un enorme lecho de arena y sobreviviré” -pienso-.
Pero una nueva sorpresa me esperaba: el castillo no se derrumba del todo bajo mis pies, eso sólo fue el aviso; el castillo se cae de lado con la solidez de una construcción de cemento mal derribada, y yo, que sigo en lo alto de la torre, siento, o mejor dicho, padezco la caída poco a poco -cámara lenta-, y mientras esto sucede, pienso:
“-Bueno, pero caeré sobre ‘algo’ de arena y sobreviviré...”
Nada más lejos de la verdad.
Caí justo donde empezada el suelo de piedras armadas con cemento al suelo.
Sentí el tremendo golpe, pero no noté dolor físico, aunque sí una sensación de daño, otro tipo de dolor...
Las personas que pasaban por allí -unas paradas observándolo todo, otras caminando lentamente- me miraron un instante, para inmediatamente después desviar su atención hacia lo 'espectacular': el castillo destruido. Y siguieron su camino.
Nadie me ayudó a levantarme...
Ahora sí que sentía dolor, pero no físico, era un dolor interno e intenso...
Estoy en este preciso momento acompañada de mi querido amigo Sergio Stillo, una persona muy especial al que hace años encontré en el recorrido de algún trayecto de mi vida. Un soñador; un rebelde; un poeta..., 'una voz' que cala, y que los versos en su boca toman otra dimensión más profunda.
Él, siempre en busca de todo en medio se su nada...
Quiero que veáis éste video despacito, sin prisas, a solas, y me digais lo que sentís.
SERGIO STILLO - actor, escritor, poeta, amigo, ser humano...-
"EL TIEMPO"
(Brindando contigo por... EL TIEMPO vivido y el que nos queda por vivir)
No hay ventanas al exterior.
Salgo y busco donde comprar una ventana desde donde poder ver el exterior, pero el dinero no me alcanza y la tengo que adquirir sin vistas.
Cuando entro de nuevo a mi estancia, ya tengo la ventana instalada y abierta, pero... sólo veo blanco, como un enorme folio en blanco frente a mi. –“De nada me sirve una ventana si no veo nada a través de ella”, pienso.
De pronto recuerdo que en algún lugar de mi habitación guardo una gran imagen a la que acudo cuando me siento sin aire.
Es un paisaje donde hay una pradera, alguna flor, árboles, y al fondo... el mar, en un día de sol.
Pero algo diferente llama mi atención: ahora tenía brillos como si fueran pequeñísimas estrellitas que chisporroteaban haciéndolo más luminoso aún.
Devuélveme…
los besos que en mi campo cosechaste,
la llave donde mi alma encerraste,
los lazos con que a mi amor anudaste,
el reverso que a mi derecho robaste,
lo tibio que en mi corazón hallaste,
la ilusión que al hallarte me creaste,
mi Norte que en el tuyo enganchaste,
la razón que a tu locura agregaste,
la paz que un día me arrebataste,
el latido que a mi corazón restaste,
mi níveo que a tu gris sumaste…
¡la vida que con tu ausencia segaste!
Que no se esconda un hecho
tras un cobarde quizás.
Que sólo pisando hay huella
y para ello hay que avanzar.
Que no nos quede pendiente
ningún abrazo por dar.
Que no se quede en intento
cuando la ocasión se da.
Que lo que dura un siempre
no importe si es contigo.
Que lo que nos ocupe sea el adentro
y el afuera quede excluido.
Que el resultado de un “nuestro”
sea de unir un tuyo y mío.
Que equilibremos la balanza
de lo que es y lo que pudo haber sido.
Que nunca más mi sangre
sea la tinta con que mi verbo empiece.
Que no haya mejor momento
que nuestro ahora un beso selle.
Que el no sabernos del todo
sea un aprendernos en crece.
Que si el cielo hoy termina…
¡en tus ojos otro comience!
Yo colaboraba con un Cuerpo de Policía para localizar a personas huidas. Compruebo el campo de acción. Hay dos perros, o ¿son lobos?, no sé, tengo dudas, pero no era importante.
En un momento dado, y estando yo ‘colaborando’ en la búsqueda de no sé quién... de pronto, me vi inmovilizada de pie por esos perros-lobo que en un instante me rodearon -sin derribarme- poniéndose a dos patas a mi altura apretándose, en un abrazo engañoso, contra mi cuerpo, de forma que casi no podía respirar.
Yo estaba tranquila, sabía que si me mantenía con las manos juntas -palma con palma- a la altura de mi cara y sin intentar zafarme, no me atacarían, y los militares se darían cuenta de la “equivocación” que cometieron los animales al tomarme por objetivo, cuando yo era una cooperante.
Se demora mi rescate, confío en los animales pero... ¿ellos confinan en mi?
El tiempo que no te tuve, fue tiempo perdido, tiempo de tanteo que dejó de contar en el momento que te hallé y nos tuvimos...
Y como no hay mayor riesgo que no arriesgar nunca, yo me lo jugué todo a la carta en lo que creía mi mejor partida.
Pero hoy que ya no te tengo, inconsciente me empeño en el absurdo intento de torcer el pasado, para acabar así con el dolor asociado a ese allí y aquel entonces…
Batalla perdida la de luchar contra lo que fue, gastando energía en el inútil esfuerzo de querer modificar hechos consumados.
Tarde aprendí que aunque me corte una pierna para olvidar el lugar que un día pisó, después de hacerlo el recuerdo volverá de la mano de la presencia de esa ausencia, pues si la despedida del amor de tu vida no la da el alma, de nada sirve el adiós ni el esfuerzo del forzado olvido, al que la mente obliga.
Que los infiernos
abran sus tumbas
para los muertos
de mis catacumbas.
Que las conciencias
descarguen sus culpas
en la fosa hambrienta
de almas sin rutas.
Que aúllen las lunas
y los lobos callen
mientras mi vena
aspira a tu sangre.
Que ir no es llegar
y esperar no es verte,
ansia de estar
donde el deseo nos vuelque.
Que el mundo se estrelle
contra mis carnes
de verbo sin vez
y diques vacantes.
Que nunca el antes
golpeó mi ahora
con latido extremo
que sin matar ahoga.
Que quieren morir
en tu playa brava
mis aguas de sed
por tu boca probadas.
Que lo inseguro
de recobrar lo cierto
sea un hecho
y no quede en un intento.
... Por hablar en voz alta con el recuerdo.
... Por gritar No a la injusticia cuando todos callan.
... Por intentar arreglar otras vidas, cuando la mía está rota.
... Por adivinar de una desconocida anciana su dolor y abrazarla.
... Por sonreír siempre aunque las lágrimas me ahogaran.
... Por acariciar un sueño imposible cada madrugada.
... Por llorar una soledad de alguien que me engañara.
... Por perdonar a quien me hiere de forma reiterada.
... Por entregarme entera a quien no me da nada.
... Por guardar en mi puño sol de hoy para niebla de mañana.
... Por olvidar la edad para amar y ser amada.
... Por creer en predicción cuando caía del cielo, aquella pluma que me buscaba.
... Porque a mi edad aún no he perdido la esperanza.
... Por ver más allá que los demás y no me equivocara.
... Por abrir los brazos a quien todos rechazaban.
... Por pintar una sonrisa al dolor y una lágrima a la esperanza.
... Por doblar en dos mi mapa para no sentirme sola.
... Loca por amar sin esperanza, sin esperanza... ¡loca!
... Por ponerle algodón a un nido de abandonadas crías de rata.
... Por ser rebelde, justiciera, diferente, y por ello discriminada.
... Por mirar a un mirlo cara a cara y permitir que a mi casa entrara...
... y después de comer en mi plato, coger por mí se dejara.
... Por cantar en voz alta cuando por dentro lloraba.
... Por inventar dulces sueños que a una vida aderezaran.
... Por estar aquí y no allí, y si voy allí... ¡loca por lo que abandonaba!
... Por escribir estas cosas y que otros se enteraran.
“SIN DERECHO”
Pintada de caricias, ella, convertida en lienzo, se dejaba acariciar por el pincel de sus dedos sobre el mapa de su piel. Él, dibujaba geometrías de placer. Ella ardía, y él también.
Vulnerables ante la vida se daban el uno al otro en un sinfín de dedos y jadeos, haciéndose los desvalidos a punta de labios y caricias, en una dieta de salivas tibias y besos de pétalos, acariciándola con hambre y poseyéndola con deseo.
Ella olvidó ser la niña desvalida, sola y vacía, pájaro fracturado antes de tener alas; sangre corriendo por arterias y venas palpitantes, sístole y diástole de una vida asfixiada.
Y ante ella se alzó el árbol de la vida, pleno de pájaros inquietos a los que se unió mientras duró la algarabía: santidad de milagros falsos, de reliquias robadas, y de piedad distraída; dios e idólatra, verdugo y víctima, lugar donde todo se aplaza, donde todo se olvida.
Pero el amor engaña siempre, sobre todo cuando dice la verdad, quizás nace sólo… con el fin de engañar.
Es cuestión de tiempo, pues todo lo que comienza tiene un final.
Música escondida en el alma… ¡que no podía hacer sonar!
No importa que yo siembre y otras manos recojan mi cosecha. La simiente era mía, y la tierra... la tierra también lo era..., pero no importa.
No importa, que grano a grano yo en el surco lo introdujese, ni que lo regara con mis lágrimas cuando el agua del cielo no viniera.
No importa... que con mi cuerpo, de las heladas, lo protegiera.
Yo me cuidaba y me ponía guapa para transmitirle a la simiente mi belleza.
Yo, que me convertí en luz cuando solo había tiniebla.
Yo, que le abrí el paso, que le quité, del surco, la piedra aquella.
Yo, que le ayudé a ver la primera luz cuando brotó de la tierra. Pero... no importa.
La simiente ahora es cosecha, creció firme, robusta y altanera, pero... yo creí que era mi cosecha, hasta que otras manos jóvenes y frescas vinieron a por ella.
Ya me alejo, ya... ¡qué importa!
Retrocedo, dejo paso a la carne nueva, a otras manos sin estos pliegues que delatan que me hago vieja. Pero entre sollozos mudos reclamo: ¡Que la simiente era mía! ¡Que la plantaron estas manos viejas! Que sin recibir nada de ella... yo se lo di todo, todo era para ella.
Ahora llega el momento de alejarme despacio... y no volver a pensar en ella.
Sentiré en mí todos aquellos soles, recordaré todas aquellas penas que le contaba en las tardes aquellas. Y me abatirán todos los vientos mientras regreso con mi pena.
¡Qué importa ya! ¿A quién le importa? Sólo soy mujer que va para vieja, aunque el alma, de calendario, no entienda; aunque el corazón no envejezca. Pero eso..., eso a quién le importa.
Qué importa mi belleza, y qué importa esta voz quinceañera, ni mis risas, ni que de alegría por el campo yo corriera, ni mis ganas de vivir, ni mi fuerza...
¡Qué importa la vida... ahora que perdí mi cosecha!
"¡No encendáis las luces, que tengo desnuda el alma! ¡Dejadme danzar sola, la danza del olvido! ¿No veis que ya no puedo con las cuentas de mi rosario? ¿No veis que la tristeza se encerró conmigo bajo candado? ¡Dejadme danzar sola que ya no puedo cambiar el pasado!"
...Así gritaba
la dama de ojos verdes,
así gemía su corazón aprisionado
al tiempo que danzaba en solitario.
Así cantaba queriendo inventar un presente
distinto al cotidiano,
con las prisas del que no tiene tiempo...
con las penas de su calvario.
Y el adagio tomó cuerpo humano
para que sola no bailara
frente a su calendario.
Y la telaraña del pentagrama
liberó sus acordes marañados.
Y la que danzaba en solitario
con sus brazos elevados...
¡danzó acompañada su baile macabro!
Ilusa mujer que soñó con una segunda oportunidad para nacer -
Autodidacta que utiliza la escritura y la pintura para completarse -
Defensora de causas perdidas (entre otros 'defectos') -
Fiel al corazón e infiel a la razón, que cambió el orden de los sustantivos en alguna equivocada ocasión -
Llena de nada de aquellos "todos", donde hubo muchos "cuándos" sin importar "dónde"...
- Muy agradecida a todos los que, al visitarme, me dediquen un instante de sus valiosas vidas para leerme y dejarme su impresión por escrito -