"YO PARA TÍ, PARA MÍ TÚ" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"¡QUÉ IMPORTA!" - (Voz y letra de Geles Calderón)

"SONETO DEL AÑIL RECUERDO" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"NO ME IMPORTAS" - (Letra de Geles Calderón - Voz de Miki)

"¡QUIÉN SABE!" - Poema de Geles Calderón - voz: Bea Salas

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22 de diciembre de 2016

CORAZÓN DE TRUENO... (Voz y letra: Geles Calderón)

(En el 5º aniversario de tu muerte, AMIGO, un 30 Dic.)
















 MENSAJE AL LUGAR DONDE LAS ALMAS BUENAS DESCANSAN:
    Juan, próximos al 30 de Dic., fecha en que hace cinco años te arrebataron la vida en tierras lejanas de forma brutal, a mi alma le ahoga un nudo al recordarte con tu perpetua alegría y ganas de seguir con vida...

    Antes de que los que están estuvieran, estábamos. Antes de que alguien se apuntara prioridad, tú y yo ya eramos los primeros.   Fuimos unidad familiar sin ser consaguíneos, tú siempre lo decías: -"Vosotros sois mi familia".

    Los dos nos supimos cuando nadie lo sabía, y los dos seguimos en contacto sin que nadie lo perciba.

(Sigue visitándome en sueños, guíame; ya queda menos para volver a encontrarnos)
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VIDEO con MI VOZ:




“CORAZÓN DE  TRUENO”   

Faro en tempestad de mis sentidos,
jinete de otras llanuras,
romero ausente en mi feria,
sortilegio que mezo
al despertarse las ganas
y adormecerse el olvido.
Se precipitó el deseo
bajo un lamento enardecido,
y este cuerpo triste, pero vivo…
hoy despista al dolor
con su corazón de trueno,
y expande sus alas de cóndor herido
en último vuelo para estar contigo.
Dos velas enlazadas
con las cintas de un sueño,
frente a un vaso de rojo vino
y junto a un antiguo retrato
sobre un tapete de lino.
Y sin saberte… te adivino,
y sabiéndolo… no lo impido.
¡Hoy brindo por haberte conocido…
con un vaso de rojo vino!

Geles Calderón

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3 de diciembre de 2016

"ELLA..." (Voz y Letra de Geles Calderón)















VIDEO con MI VOZ:


“ELLA...”   -   (relato breve) 


“Al  igual que los libros, también enfermó de soledad y olvido. Su mirada había perdido frescura y brillo. Todo lo que su gris escritura narraba, eran historias vestidas de barro y olvido. Su vida era como un mapa inconcluso lleno de islas apiñadas y asustadas, rodeadas de un mar sin fondo amenazando constantemente con tragárselas...”

Era un 7 del mes de Agosto de luna llena. Ella no pudo dormir más de una hora aquella noche en que la alta temperatura la sofocaba. Eran las cuatro de la madrugada. El calor era agobiante.
Se dirigió a la cocina y sacó tres cubitos de hielo del congelador. Volvió con ellos a su dormitorio. Se asomó a la ventana mientras se los pasaba lentamente por las sienes, cuello y pecho hasta donde su escote se lo permitía. Sólo vestía dos prendas, una de ellas era una camiseta de algodón blanco con finos tirantes que le costaba mantener sobre sus hombros, porque la ley de la gravedad, aliada con la seda de su piel, se empeñaba en cumplir con su función.
El agua derretida le escurría entre los senos llegando al dulce aposento de su ombligo.
Estaba sola y desvelada.

“... Hemos nacido para nada. No fuimos consultados. Existimos con la única finalidad de irnos, un viaje perdido. Creamos familias; nos educamos; trabajamos para mantenernos vivos a toda costa;
levantamos monumentos a batallas en las que no creemos, imágenes ante las que nos arrodillamos, rezamos y que nada nos dicen, nunca nos responden ni nos aconsejan. Queremos creer en algo para distraer la certeza de este cielo absurdo...”

Ella continúa asomada a la ventana. Los cubitos se habían reducido al tamaño de unos garbanzos. Abre la mano lentamente y muy despacio los deja caer a la calle. 
Cada gesto, cada movimiento en ella era majestuoso. Era dueña de su instante.
En ese momento ve aparecer, a unas decenas de metros de su casa, un camión cisterna que riega las calles. Una leve brisa le acarició la cara.
Sin pensarlo, se enfunda unos shorts tejanos, y sin calzar sus pies, sale de casa presurosa, llegando a la calle justo en el momento que pasaba lentamente, regando el asfalto. Ella no dudó en aproximarse lo necesario para que los chorros de agua la empaparan.
Gozosa reía. No precisaba a nadie para sentirse viva. Disfrutaba haciendo lo que el cuerpo le pedía, sin pedir permiso ni rendir cuentas.
Persiguió al camión de riego chapoteando descalza sobre los charcos que iba dejando.

Y sus pies se iban llenando de escarcha tibia, y su cabello de estrellas cálidas...

“...Olvidamos que todos los Universos están aquí, dentro de nosotros. Sólo necesitamos reconocerlos. Pero nos empeñamos en buscarlos fuera con el único fin de justificar la existencia
y cuando la damos por justificada, nada tiene sentido y volvemos a repetir el ciclo una y otra vez hasta que la compasiva muerte nos lleva...
 La muerte, ella es lo único certero, la única innegable verdad. Es la inagotable herencia que todos compartimos sin opción a rechazar.”


(Geles Calderón)


(07-08-09)

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